Casi un siglo de investigación científica sugiere que, en lo que respecta a la felicidad, una acción supera a todas las demás. Los socios de Rotary tienen una ventaja inicial.
Uno de los proyectos más ambiciosos de Rotary, la lucha contra la malaria en Zambia, tiene su origen en una amistad.
Cuando el rotario Bill Feldt habla de la iniciativa, que creció hasta recibir la primera subvención de 2 millones de dólares de La Fundación Rotaria para Programas de Gran Escala en 2021, no menciona el dinero recaudado ni los elogios recibidos. Se centra en el médico de Zambia que se convirtió en su amigo: Mwangala Muyendekwa.
«Me alojé cuatro veces en la casa del Dr. Muyendekwa en Zambia», cuenta Feldt, socio del Club Rotario de Federal Way, cerca de Seattle (EE. UU.) quien fue uno de los que más impulsó la iniciativa que llevó por primera vez la atención y la prevención de la malaria directamente a un grupo específico de comunidades zambianas. «Y él se alojó conmigo y con mi esposa aquí en Washington. Nos enviamos correos electrónicos y, a veces, hablamos por teléfono. Este trabajo es muy personal. Tenemos relaciones muy, muy estrechas tanto en Estados Unidos como en África».
Hace una pausa y añade: «Esto nos hace felices, me ayuda a sentirme realizado. Quizás sea eso: encontrar algo que sea significativo y que te dé longevidad».
Feldt está en lo cierto. Un amplio y creciente conjunto de investigaciones revela caminos más claros hacia la felicidad, que difieren sustancialmente de las expectativas de muchas personas. Las lecciones generales extraídas de décadas de investigación científica sobre la felicidad no sorprenderán a los socios de Rotary: independientemente de la cultura, las relaciones sociales sólidas nos hacen más felices y saludables.
«Lo que a largo plazo hace feliz a las personas, es la sensación de que sus vidas tienen sentido y de que están muy conectadas», afirma Steven Heine, profesor de la Universidad de Columbia Británica en Vancouver que estudia culturas de todo el mundo, incluyendo cómo las personas buscan dar sentido a sus vidas. «Y descubrimos que las relaciones de las personas con su comunidad, por ejemplo a través de los clubes rotarios y organizaciones similares, son especialmente importantes para ayudarles a dar sentido a sus vidas».
Hauwa Abbas del Club Rotario de Abuja Metro, Nigeria
Una contribución pionera a este campo de investigación global es lo que se ha convertido en el estudio más longevo sobre la felicidad, que sigue en marcha en la Universidad de Harvard después de 85 años. Nos ha enseñado que el principal factor predictivo del bienestar a largo plazo no es nuestra riqueza, nuestro trabajo ni siquiera nuestra genética, sino la calidad de nuestras relaciones. «La gente se preocupa por su salud, su dieta, el ejercicio. Eso es importante, pero ser más activo socialmente es una de las cosas más importantes que se pueden hacer para mejorar la salud», afirma Heine, que imparte clases de psicología social y cultural en su universidad canadiense.
Los consejos parecen llegar desde todas las direcciones: libros y podcasts de autoayuda, personas influyentes en materia de salud, anuncios que promocionan suplementos o dietas específicas y retiros de bienestar en playas apartadas. La gigantesca industria del bienestar, con un valor estimado de 6 billones de dólares o más en todo el mundo (dependiendo de cómo se mida), lanza tantas promesas audaces que puede resultar difícil saber a qué prestar atención cuando la pregunta inevitablemente surge en nuestras mentes: ¿Qué me hará sentir más feliz?.
La ciencia, que sigue revelando nuevos datos, sugiere mirar más allá del ruido mediático y centrarse en las relaciones duraderas. Incluso se puede obtener una receta médica para ello. Los médicos y terapeutas recurren cada vez más a lo que se conoce como «prescripción social», es decir, recetar formalmente a sus pacientes que participen en actividades sociales, como ir de excursión en grupo, hacer voluntariado o apuntarse a un club.
La felicidad, independientemente de cómo la definamos individualmente, es relativa, por supuesto, cuando las personas se enfrentan a traumas o retos abrumadores como la discriminación, la mala salud, la falta de hogar o la pobreza. Los investigadores no establecerían una relación causal directa entre tener buenas amistades y ser una persona más feliz, ya que hay muchos factores que influyen. Además, gran parte de la investigación sobre la felicidad examina cómo nos sentimos a largo plazo, porque, por supuesto, la tristeza nos invade en ocasiones.
Puede que los socios de Rotary cuenten con algo más que les haga felices, según un campo de investigación paralelo sobre cómo los actos benévolos —el voluntariado, el donar, el cuidado de otras personas— parecen hacernos más felices. Sin embargo, no todas las buenas acciones contribuyen por igual a aumentar nuestro bienestar, según el Informe Mundial sobre la Felicidad 2025.
La ciencia dice...
Si eres el tipo de persona que cree que la gente actuará con amabilidad, ese es uno de los principales indicadores de felicidad.
Resulta que las acciones benévolas te benefician más cuando se realizan en «comunidades solidarias» que te mantienen más conectado socialmente. Conocido principalmente por sus clasificaciones anuales de los países más felices, el informe de la Universidad de Oxford también sintetiza el conjunto de investigaciones sobre la felicidad. Este año, uno de los temas centrales fue «cómo amplificar la alegría de dar». Los efectos son más fuertes cuando tienes opciones para ayudar y puedes comprender claramente cómo tus acciones generan un impacto.
Un ejemplo destacado de cómo los socios de Rotary han aprovechado sus vínculos es la oleada de acciones, grandes y pequeñas, que han llevado a cabo para apoyar el bienestar mental de sus amigos de RI y de las personas de sus comunidades y más allá, especialmente en respuesta a lo que recientemente se ha denominado una epidemia de soledad. Los posibles beneficios de nuestras relaciones en términos de felicidad son otra razón para abrazar el objetivo del fundador de Rotary, Paul Harris, quien se sintió impulsado a crear la organización porque echaba de menos sus antiguas y felices amistades tras mudarse a Chicago.
Si le preguntas a 10 socios de Rotary sobre sus amistades en la organización, es probable que escuches 10 historias sobre vínculos duraderos y significativos que los hacen sentir satisfechos, valorados y, por supuesto, felices. Para ayudar a profundizar esas amistades, muchos clubes rotarios añaden humor, alegría e incluso diversión a sus actividades de servicio. Un ejemplo: el Club Rotario de Melawati, en Malasia, comienza sus reuniones con «terapia de la risa», en la que todos se obligan a reír a carcajadas o a sonreír hasta que no pueden evitarlo y la risa se vuelve genuina. Eso marca el tono de la reunión y da lugar a abrazos entre amigos, dice Mahendran Daniel, socio del club. «Hay que mantener la diversión en los fundamentos de Rotary».
Johrita Solari del Club Rotario de Anaheim, California
También está la «Orden del Calabacín», creada este año en Canadá por la gobernadora del Distrito 5360, Manon Mitchell. Mientras visitaba los clubes y entregaba distinciones a los socios, entre ellas el reconocimiento Socio Paul Harris, obsequió a algunas personas con calabazas, lo que le permitió regalar el excedente de su huerto y tomar una divertida foto de los socios sosteniendo grandes calabazas bulbosas.
«Provocó una buena carcajada», dice Mitchell. «Me parece que en algunos clubes, a veces las cosas son muy serias, y yo quería hacer sonreír a la gente y que se sintieran bien. Hay muchas formas de hacerlo». (Consideró ampliar la broma a la Orden de los Tomates, pero en su lugar hizo salsa).
Estos pequeños momentos de alegría compartida y conexión son importantes, según los investigadores, en parte porque nos ayudan a relajarnos y actúan como un bálsamo contra los efectos nocivos del estrés. Pero los investigadores afirman que la felicidad a largo plazo, la que tiene efectos duraderos en la salud, a menudo requiere un poco más de esfuerzo. Al fin y al cabo, las relaciones de calidad pueden ser difíciles de mantener, ya sea en Rotary, en el trabajo o en nuestra vida personal.
Cuando en la década de 1980 el épico Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto comenzó a descubrir la relación entre el bienestar de una persona y la calidad de sus relaciones, al principio los investigadores no creyeron los datos. «Pero luego otros estudios comenzaron a descubrir lo mismo», señaló el Dr. Robert Waldinger, director del estudio, en una entrevista de TED Talk en 2022. «Descubrimos que las personas tenían menos depresión, eran menos propensas a padecer diabetes y enfermedades cardíacas, y se recuperaban más rápido de las enfermedades cuando tenían mejores relaciones con otras personas».
Un estudio en el que trabajó Heine en la Universidad de Columbia Británica es un ejemplo de la creciente investigación sobre personas de diversas culturas, etnias y geografías. Alrededor de 1000 personas de la India, Japón, Polonia y Estados Unidos compartieron las formas en que encuentran un propósito en sus vidas para la investigación publicada en 2025, que investigó cómo sus diversas actividades afectan su bienestar. «Encontramos los mismos factores predictivos en todos los países: la conexión con la familia, las relaciones cercanas, la sensación de que lo que haces realmente importa, el sentido de propósito», afirma Heine. «Por lo general, nos sorprenden las diferencias entre las culturas: lo que valoran, lo que les motiva. Pero en este caso, en lo que respecta al sentido de la vida, la similitud era sorprendente».
La ciencia dice...
Iniciar una conversación con un desconocido en un tren, un autobús de transporte urbano o una sala de espera hacía que las personas se sintieran más felices en comparación con aquellas que permanecían en silencio.
El estudio de Harvard comenzó en 1938 y, en un principio, reclutó a 268 estudiantes universitarios, entre los que se encontraba el futuro presidente John F. Kennedy. Los investigadores entrevistaban periódicamente a los hombres y a sus familias y recopilaban datos sobre su salud mental y física. (En aquella época, Harvard no admitía a mujeres en sus estudios universitarios, por lo que todos los participantes originales eran hombres).
Por esas mismas fechas, investigadores de Harvard comenzaron a entrevistar por separado a un grupo de 456 niños de familias desfavorecidas que vivían cerca de Boston. Las dos cohortes se unieron en la década de 1970, cuando los investigadores comenzaron a profundizar en el estudio de la longevidad. El objetivo de este estudio combinado era examinar lo que ocurría a lo largo de la vida de las personas: cómo cambiaban sus opiniones, cómo evolucionaba su salud y qué era lo que, en última instancia, les llevaba a tener una vida sana y feliz. Hoy en día, el estudio se centra en los hijos de los participantes originales, y las mujeres constituyen más de la mitad de los 1300 participantes.
Si el nombre de Waldinger o el estudio de Harvard te suenan familiares, tal vez hayas visto la famosa charla TEDx Talk de 2015, cuando presentó por primera vez los resultados ante un público reducido. El video tiene más de 50 millones de visitas en varios sitios web y es una de las charlas TED más vistas de todos los tiempos, probablemente porque su consejo sigue resonando: si quieres tomar hoy una decisión que te haga más saludable y feliz, presta atención a mejorar tus relaciones con otras personas.
La relación entre nuestra calidad de vida y nuestras conexiones sociales sigue apareciendo a medida que la ciencia de la felicidad y la longevidad continúa creciendo. Lo mismo ocurre con la relación entre dar, la gratitud y nuestro bienestar.
Los beneficios para las personas y la sociedad del voluntariado, las donaciones de dinero a otros y la ayuda a desconocidos —lo que los investigadores denominan comportamiento prosocial— están bien documentados, según señala el Informe Mundial sobre la Felicidad. El aumento de este altruismo está relacionado con la disminución de las muertes por suicidio, sobredosis o abuso de alcohol. «Las personas que participan en comportamientos prosociales son más sanas y felices, y experimentan un mayor sentido de propósito y significado en la vida, así como un mayor bienestar psicológico», afirma el informe, citando estudios que abarcan dos décadas y datos de más de 100 países.
Los buenos sentimientos que genera el altruismo son recíprocos. «La gratitud es una de las primeras grandes ideas de este ámbito de la psicología positiva», afirma Emiliana Simon-Thomas, directora científica del Centro de Ciencias por el Bien Común de la Universidad de California, Berkeley.
Pone como ejemplo cómo te sientes agradecido cuando un amigo te trae un regalo, como flores, cuando estás pasando por un momento difícil. «La gratitud es una experiencia emocional compartida», dice, «cuando tienes un momento en el que reconoces que algo bueno ha ocurrido en tu vida y se debe a alguien o algo ajeno a ti».
Y no rechaces las oportunidades de hacer voluntariado, dice, porque te ofrece una forma de socializar con personas que tienen intereses comunes o un sentido similar de propósito. Una ventaja adicional: el voluntariado a menudo incluye actividad física, lo que es especialmente beneficioso a medida que envejecemos, señala.
Más felices juntos
Tres lecciones clave (hasta ahora) del Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto:
- Las conexiones sociales favorecen la salud. Las personas son más felices y viven más tiempo cuando tienen más vínculos sociales con su familia, amigos y comunidad.
- La calidad es más importante que la cantidad. No se trata del número o el tipo de relaciones que tienes, sino de la calidad de tus relaciones.
- Las buenas relaciones no solo protegen nuestra salud mental. También protegen nuestra salud física, en parte al ayudar a amortiguar el estrés.
Simon-Thomas co-creó el popular curso en línea «La ciencia de la felicidad» del Centro de Ciencias por el Bien Común, al que cualquiera puede acceder de forma gratuita. Además del curso de ocho semanas, el centro publica una revista en línea que sirve como repositorio público de artículos, videos, cuestionarios e ideas para mejorar nuestra salud mental, extraídos de una amplia base de datos de investigaciones. Las sugerencias incluyen «microactos» sencillos de alegría, como hacer una lista de las cosas por las que se está agradecido o pedir a alguien que comparta algo que le haya hecho feliz. «Queríamos ofrecer a la gente común acceso a los conocimientos prácticos de todas las investigaciones», afirma.
El poder de nuestras relaciones incluso se manifiesta en nuestro cerebro. Los científicos pueden trazar con claridad las vías neurológicas de emociones como la felicidad y la soledad en escáneres cerebrales detallados utilizando herramientas de imagen avanzadas, afirma la neurocientífica Kay Tye, que dirige un laboratorio en el Instituto Salk de Estudios Biológicos. «Se pueden ver claramente diferentes patrones de actividad», afirma. «Si alguien expresa alegría, dolor o miedo, todas estas emociones se representan de forma diferente».
Tye investiga los circuitos neuronales del cerebro para comprender mejor nuestras emociones y, según espera, encontrar mejores formas de tratar trastornos de salud mental como la ansiedad y la depresión. (La organización independiente sin fines de lucro para la que trabaja fue fundada por Jonas Salk, conocido entre los rotarios por desarrollar la primera vacuna eficaz contra la polio).
«Conectarse con otras personas a través de vínculos emocionales es saludable para el cerebro. Ayuda a construir relaciones sociales positivas y altruistas», afirma. «Así que concéntrate en las relaciones de calidad, que no requieren mucho tiempo ni muchas personas. Juega, da un paseo de la mano... Cualquier cosa que sea una interacción positiva».
Sarah Kim del Club Rotario de Changnyeong Misoya, Corea
Nuestras relaciones pueden incluso afectar a las diminutas puntas de nuestros cromosomas, que transportan nuestros genes. Nuestras interacciones y decisiones diarias, como la forma en que respondemos al estrés o experimentamos la compañía, afectan a los extremos protectores de los cromosomas, llamados telómeros, según una investigación realizada por la premio Nobel de 2009 Elizabeth Blackburn y otros científicos. Los telómeros más largos son más saludables y ayudan a ralentizar el envejecimiento de las células.
Las relaciones de apoyo, en las que uno se siente querido y tiene un sentido de pertenencia, parecen amortiguar los efectos del estrés y mantener los telómeros más sanos, según los datos detallados en The Telomere Effect (El efecto telómero), un libro que Blackburn escribió junto con su colega científica Elissa Epel.
Betty Richardson, psicoterapeuta con sede en Austin, Texas, que dedicó décadas de su carrera a la enfermería y la administración hospitalaria, afirma haber observado en repetidas ocasiones los efectos positivos de las relaciones afectuosas, especialmente cuando las personas atraviesan sus peores momentos. «Contar con el apoyo de un ser querido o seres queridos es muy importante cuando una persona está enferma o se enfrenta a una posible muerte», afirma. «Sin duda, los seres queridos son un motivo de peso para esforzarse por mejorar».
Richardson, miembro del Club Rotario del Área Universitaria de Austin, experimentó la importancia de estas conexiones cuando su hijo Mark recibió tratamiento contra el cáncer, antes de fallecer hace ocho años. Una de las cosas que le alegraba durante esos tratamientos era ver programas de televisión divertidos con amigos o familiares. «También se animaba cuando recibía correo», dice ella. «Decía: "La gente se preocupa por mí"».
Sus amigos rotarios, en Texas y en México, donde ha trabajado durante mucho tiempo con clubes rotarios, acudieron a apoyarla. Su club la ayudó a crear un fondo conmemorativo en nombre de su hijo, que ha financiado becas y la compra de ordenadores para una escuela en la ciudad fronteriza de Reynosa, México.
La ciencia dice...
En los últimos años los adultos jóvenes dicen ser cada vez menos felices, pero enseñarles que la gente es más comprensiva de lo que creen puede ayudarles a crear redes sociales.
Richardson también ha celebrado muchos cumpleaños en Reynosa, ya que el suyo coincide con el Día Mundial de la Tuberculosis, y desde hace mucho tiempo se ha centrado en la lucha contra esta enfermedad en esa región. «El simple hecho de estar con personas que se interesan por algunas de las mismas cosas que yo me da una sensación de satisfacción. Algunos de estos proyectos no son fáciles. Muchos requieren una buena dosis de cooperación», afirma. «Pero sin ella —sin Rotary y sin el voluntariado— la vida posiblemente habría sido bastante aburrida».
Este artículo fue publicado originalmente en el número de diciembre de 2025 de la revista Rotary.