Una tarde reciente, en una clínica de la ciudad de Coimbatore, en el sur de la India, un hombre de 29 años con tuberculosis acude a recoger sus medicamentos y recibe algo más: un pequeño envase blanco con polvo. Se trata de un suplemento proteico nutricional, de vital importancia, ya que la desnutrición está estrechamente relacionada con esta enfermedad pulmonar. El hombre presenta un grave déficit de peso, con solo 38 kilos y un índice de masa corporal peligrosamente bajo. Un trabajador de la clínica le toma una foto, anota sus datos para facilitar el seguimiento del tratamiento en tiempo real y le despide con instrucciones de volver dentro de dos semanas.
Este hombre es uno de los cientos de pacientes que reciben el suplemento nutricional junto con sus medicamentos contra la tuberculosis gracias a un proyecto liderado por el Club Rotario de Coimbatore New Town y financiado por una subvención global de La Fundación Rotaria. Las autoridades de la salud locales se pusieron en contacto por primera vez con el club en 2024 para solicitar ayuda con sus pacientes de tuberculosis que sufrían desnutrición grave, en un contexto de renovada concienciación a nivel mundial sobre la relación entre la enfermedad y la nutrición. “En aquel momento, muchos pacientes sufrían una pérdida de peso grave, debilidad, baja inmunidad y dificultades para continuar con el tratamiento contra la tuberculosis debido a la falta de una nutrición adecuada”, explica Pakshirajan Durai Murugan, presidente fundador del club y líder del proyecto.

Trabajadores de la salud y jóvenes cadetes participan en una concentración con motivo del Día Mundial contra la Tuberculosis en Assam (India), en marzo.
Anuwar Hazarika vía Getty Images
Incluso antes de solicitar fondos de una subvención, el club logró recaudar unos 4000 dólares para poner en marcha una intervención piloto inmediata. Reclutaron a unos 200 pacientes con tuberculosis en situación de alta vulnerabilidad y con un Índice de Masa Corporal (IMC) bajo, y les proporcionaron el suplemento durante tres o cuatro meses. El suplemento, que se toma dos veces al día y que, al mezclarse con agua o leche, se convierte en una bebida ligeramente dulce, aporta a los pacientes entre 25 y 30 gramos adicionales de proteína al día. Muchos pacientes aumentaron entre 1 y 2 kilos de peso durante el programa. “Incluso un pequeño aumento de peso es alentador en la recuperación de la tuberculosis, ya que muchos pacientes suelen seguir perdiendo peso durante la enfermedad”, afirma Durai Murugan.
La tuberculosis es la enfermedad infecciosa más mortal del mundo. En 2024, casi 11 millones de personas se infectaron y más de 1,2 millones fallecieron. La bacteria Mycobacterium tuberculosis infecta principalmente los pulmones y se transmite al toser, estornudar, hablar o incluso reír. Una vez liberada al aire, la bacteria puede permanecer allí durante horas. Esto expone a otros miembros del hogar a un riesgo muy elevado de infección. Como resultado, aproximadamente 1 de cada 4 personas en el mundo ha sido infectada, aunque solo entre el 5 y el 10 por ciento de ellas desarrolla una enfermedad activa y sintomática. En el resto de los casos, su sistema inmunitario es capaz de mantenerla bajo control. Es decir, hasta que algo debilita esas defensas, como una infección por VIH, la diabetes, la edad… o la desnutrición.
La desnutrición es uno de los principales factores de riesgo de la tuberculosis y, según algunas estimaciones, es responsable de alrededor de un millón de nuevos casos al año. La mitad de las personas con tuberculosis en la India tienen un IMC inferior al umbral de 18,5, considerado saludable para un adulto, y aproximadamente una cuarta parte se sitúa por debajo de 16, señala Pranay Sinha, profesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston y médico especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico de Boston. Sinha califica esta cifra de “espantosa”.

Pranay Sinha, experto de la Universidad de Boston en el papel que desempeña la nutrición en la evolución de la tuberculosis, trabajando sobre el terreno.
Fotografía de Pranay Sinha
En la mayoría de las personas expuestas a la bacteria, su sistema inmunitario captura los gérmenes en los pulmones y los atrapa en un grupo de células denominado granuloma. Sin embargo, la falta de alimentos priva al organismo de la energía y los nutrientes necesarios para mantener esta defensa, lo que permite que la bacteria rompa el bloqueo y se propague por todo el cuerpo.
El problema se agrava. Durante una infección, el sistema inmunitario libera proteínas llamadas citoquinas para combatir al invasor, pero estos mensajeros químicos también pueden degradar el tejido muscular y suprimir la respuesta del organismo a las señales de hambre. El resultado es un enorme déficit energético en el que el cuerpo necesita más alimentos de lo normal, mientras que la persona come aún menos. “En la India nos encontramos con personas con tuberculosis que tienen un IMC de 10, 11 y 12, algo que no sabía que fuera compatible con la vida”, afirma Sinha, experto en el papel que desempeña la nutrición en la evolución de la tuberculosis. “Es difícil de creer”.
Este enfoque en la nutrición no es algo nuevo. Los países ricos experimentaron reducciones espectaculares en las tasas de tuberculosis antes de que se introdujeran medicamentos eficaces en la década de 1950, gracias a medidas de salud pública que incluían una mejor nutrición. Pero la adopción de medicamentos que salvan vidas relegó la nutrición a un segundo plano, explica Sinha. “Hemos basado la eliminación de la tuberculosis en el diagnóstico y la prescripción de medicamentos: precisos, escalables, con la misma radiografía, pastilla o vacuna tanto en Nueva York como en Nueva Delhi”, afirma.
“La alimentación es más compleja, más personal y más difícil de estandarizar. Y hemos considerado esa complejidad como una debilidad. ¿Pero desde un punto de vista empírico? La alimentación es una intervención contra la tuberculosis más eficaz que cualquier vacuna disponible. La hemos infrautilizado”.
La única vacuna disponible en la actualidad tiene más de 100 años, y durante cuatro décadas no se han comercializado nuevos medicamentos para los pacientes. Esto está empezando a cambiar gracias a las prometedoras vacunas que se encuentran en fase de ensayos clínicos y a los tres nuevos compuestos aprobados en los últimos 14 años.

Mientras tanto, la alimentación y la nutrición vuelven a ser el centro de atención. El año pasado, la Organización Mundial de la Salud publicó por primera vez unas directrices en las que se pedía apoyo nutricional para todos los pacientes con tuberculosis desnutridos, así como ayuda alimentaria para prevenir la tuberculosis en los contactos domésticos en zonas con inseguridad alimentaria. Esa recomendación se basó en un estudio histórico de 2023, el primer ensayo aleatorio que demostró que proporcionar alimentos y suplementos a los contactos domésticos reducía su riesgo de contraer tuberculosis casi a la mitad en los dos años siguientes.
La India también ha invertido en nutrición. Desde 2018, todos los pacientes con tuberculosis reciben mensualmente una transferencia de dinero en efectivo para sufragar los gastos de alimentación. La respuesta positiva tanto de los pacientes como de los funcionarios gubernamentales encargados de la tuberculosis ante el proyecto piloto de 2024 del Club Rotario de Coimbatore animó a los socios a ampliar el programa. Consiguieron una subvención global de 35 000 dólares, que actualmente permite proporcionar suplementos a 950 pacientes durante todo su tratamiento, y se espera que esa cifra aumente hasta alcanzar un total de alrededor de 1500 pacientes a mediados de 2027.
Desde que se amplió la distribución de estos suplementos a los pacientes con tuberculosis, independientemente de su peso, el distrito ha registrado una reducción de las tasas de mortalidad del 7 % al 4 %. Esto se debe, en parte, a las recientes mejoras en el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento. Pero también se debe a que los pacientes son mucho más propensos a acudir a recoger su medicamento ahora que reciben el polvo nutricional, afirma el Dr. Murugaiyan Sakthivel, subdirector de servicios médicos para la tuberculosis en el distrito de Coimbatore.

Socios del Club Rotario de Coimbatore New Town muestran el suplemento nutricional.
Fotografía de Pakshirajan Durai Murugan
Una de las razones por las que esto es así es que una mejor nutrición puede facilitar la tolerancia a los medicamentos. La Dra. Zolelwa Sifumba lo sabe de primera mano. A los 22 años, cuando estudiaba medicina en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, contrajo tuberculosis multirresistente. En lugar de tomar las dos a cinco pastillas habituales al día, Sifumba tuvo que tomar 21. “Cuando no has comido nada, los efectos secundarios se sienten mucho más intensos”, explica. “Así que enseguida me daban náuseas, lo que significaba que me costaba aún más retener las pastillas”.
Sifumba se mudó a casa de su madre, donde esta le preparaba comidas adecuadas y nutritivas. Eso marcó una gran diferencia en la recuperación de Sifumba, y la experiencia despertó en ella una gran pasión por la prevención de la tuberculosis, la lucha contra el estigma y el apoyo a los pacientes. Hoy en día, Sifumba es médica, investigadora y activista en favor de una mejor atención de la tuberculosis.
Desde 2013, La Fundación Rotaria ha otorgado más de 2,7 millones de dólares en docenas de subvenciones globales destinadas a la prevención y la atención de la tuberculosis en todo el mundo. Este apoyo es especialmente importante ahora que los gobiernos recortan los programas de ayuda. Aunque reconoce los desafíos, el Dr. Sinha, de la Universidad de Boston, se muestra optimista en general y destaca el éxito de la India. “Veo avances”, afirma. “Esa es la alegría de trabajar en este campo en este momento. Realmente veo cómo cambia la mentalidad de las personas”.
Este artículo se publicó originalmente en la edición de agosto de 2026 de la revista Rotary .