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Durante su beca de Rotary pro Paz, Branka Panic trabajó como consultora a corto plazo en el Banco Mundial, donde se incorporó a un equipo que estaba desarrollando un modelo para predecir la probabilidad de que se produjera una hambruna.

Las ventajas de una herramienta de este tipo eran evidentes: “Si sabemos que una zona determinada va a necesitar alimentos dentro de seis meses o de 12 meses, podemos preparar la ayuda humanitaria de manera más eficiente”, asegura Panic.

Sin embargo, también comenzaron a hacerse evidentes las consecuencias imprevistas que podía tener poner esa información a disposición del público. “Nuestra intención era preparar a las agencias humanitarias”, afirma Panic. “Pero ¿qué pasaría si, al proporcionar esta información como datos de acceso abierto, en realidad estuviéramos alertando al gobierno o a alguna de las partes beligerantes para que atacaran deliberadamente a esa población al detectar que se encuentra en una situación de vulnerabilidad?”.

El ejercicio puso de manifiesto tanto el potencial como los riesgos que conlleva el uso de este tipo de tecnologías. Planteó cuestiones éticas que debían tenerse en cuenta, así como la sensibilidad que requiere el análisis de datos y su difusión a gran escala.

Además, motivó a Panic, de 42 años, a fundar AI for Peace, un centro de estudios dedicado a abordar temas como estos y a analizar el potencial de la inteligencia artificial para contribuir a la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible. Es coautora de un libro con el mismo título.

Las áreas de interés de la organización incluyen la acción humanitaria (utilizar la IA para salvar vidas mediante la anticipación y la focalización de las acciones de respuesta); los derechos humanos y la democracia (utilizar la IA para detectar violaciones de los derechos humanos y proteger a quienes los defienden); y la seguridad humana (utilizar la IA para proteger a las personas, así como investigar posibles amenazas a la seguridad). Según Panic, el uso positivo de la tecnología de IA puede fortalecer a las sociedades y prevenir los conflictos.

La IA ya se está utilizando en las negociaciones de paz. En su opinión, los promotores de la paz israelíes y palestinos han utilizado la IA como facilitador de diálogos a gran escala destinados a poner fin al conflicto en Gaza. En algunas zonas de conflicto, la IA está rompiendo las barreras del idioma y los dialectos. “Estamos usando la IA para decir: ‘Esperen, tenemos una forma bastante sencilla de hacer que se escuchen las voces de la gente en este proceso de paz’”.

AI for Peace trabaja con promotores de la paz para que adquieran conocimientos sobre inteligencia artificial y se familiaricen con ella, de modo que puedan participar activamente en el diseño, el desarrollo y la implementación de nuevas aplicaciones, según explica Panic. “También trabajamos con científicos de datos, quienes, con bastante frecuencia, nunca antes habían pensado en la promoción de la paz, y queremos que ellos se conviertan, en cierta medida, en promotores de la paz”, agrega.

Branka Panic

  • Beca de Rotary pro Paz, Universidad Duke y Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, 2017-2019
  • Directora fundadora de AI for Peace, 2019-presente
  • Socia fundadora, Club Rotario de Global Partners in Peace, 2022-presente

De hecho, Panic afirma que todos tenemos la capacidad de influir en el futuro de la IA y en cómo se utiliza, no solo los expertos y los científicos de datos. Aunque participar puede resultar intimidante para quienes no tienen conocimientos tecnológicos, es importante que las personas con distintas perspectivas puedan expresar su opinión, agrega Panic. “Todos deben forman parte de esta conversación. Los rotarios también”.

Nacida en Belgrado, Serbia, Panic vivió en carne propia los conflictos de los Balcanes, una experiencia que moldeó su visión del mundo y la motivó a dedicarse a la promoción de la paz. Recuerda los bombardeos de la OTAN sobre su país, cuando se suspendieron las clases y la gente tuvo que ir a vivir a sótanos y refugios. “Estas experiencias suelen dejar huella”, afirma. Para ella, se convirtió en una misión: hacer todo lo que estuviera a su alcance para evitar que otras personas debieran atravesar conflictos similares.

Panic se convirtió en activista cuando aún estaba en la escuela secundaria y se sumó al movimiento Otpor (“Resistencia”), que se oponía al régimen autoritario de Slobodan Milošević, expresidente de Serbia y Yugoslavia. El grupo organizaba todos los días marchas pacíficas en protesta contra Milošević, quien finalmente renunció y fue acusado de crímenes de guerra cometidos durante las guerras yugoslavas de la década de 1990.

Sin embargo, Panic señala que las protestas de 1999 y 2000 se llevaron a cabo prácticamente sin tecnología. Por el contrario, los movimientos populares posteriores, como la Primavera Árabe a principios de la década de 2010, pudieron aprovechar las herramientas de redes sociales para coordinarse. “Justo cuando empecé a interesarme por la tecnología, comenzamos a ver cómo se han utilizado las redes sociales para consolidar ese tipo de activismo”, agrega. “Esto fue muy edificante”.

Durante su beca de Rotary pro Paz, Branka Panic colaboró con su club anfitrión de Carolina del Norte para llevar electricidad a escuelas de Nicaragua y realizó tareas de voluntariado con Hábitat para la Humanidad con motivo del Día Internacional de la Paz.

Cortesía de Branka Panic


Gracias a su beca de Rotary pro Paz, pudo profundizar en el ámbito de la tecnología y la inteligencia artificial para enriquecer su experiencia en la promoción de la paz. El Distrito 2483 de Rotary, en Serbia y Montenegro, respaldó su candidatura a la beca, y ese vínculo le cambió la vida, afirma.

Actualmente, Panic también es rotaria y socia fundadora del Club rotario de Global Partners in Peace, un ciberclub para becarios de Rotary pro Paz y activistas por la paz. El club organiza encuentros con oradores que comparten sus experiencias en los ámbitos de la promoción de la paz, la acción humanitaria y el desarrollo, y sus socios viven en distintos lugares del mundo, desde México —donde ella reside, en San Miguel de Allende— hasta Chile, Nepal y Filipinas.

Junto con su esposo, Panic abrió una “casa de la paz”, que describe como “un lugar donde artistas, pensadores, vecinos, diplomáticos, especialistas en tecnología, viajeros e invitados inesperados pueden reunirse en torno a una misma mesa”. Estos encuentros fomentan el diálogo entre personas de diferentes orígenes, en un esfuerzo por convertir “los encuentros cotidianos en pequeños actos de paz”, afirma.

La casa forma parte de la filosofía de Panic de detener los conflictos antes de que surjan. AI for Peace centra deliberadamente su labor en la prevención de conflictos y el fortalecimiento de la resiliencia; no se ocupa de la ética del uso de la IA en las armas de guerra, sino de cómo abordar las causas profundas del sufrimiento y la vulnerabilidad de las personas.

“Este es el nicho en el que decidimos centrarnos”, afirma Panic. “Hay mucho por hacer para promover y mantener la paz, y para garantizar que las guerras ni siquiera lleguen a producirse”.

Este artículo se publicó originalmente en la edición de marzo de 2026 de la revista Rotary.

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