Hareesha, de dieciocho años, tiene grandes sueños. Quiere estudiar medicina, acabar con la pobreza que sufren muchas personas en su región del sur de la India y mejorar las condiciones de vida de su comunidad. El hecho de que pueda albergar esperanzas tan ambiciosas se debe, en primer lugar, a una promesa: su padre se comprometió a proporcionarles una educación a ella y a sus dos hermanos.
No es nada fácil. Sus padres luchaban por alimentar a Hareesha, a su hermano y a su hermana. El nivel de desesperación en su pueblo es tan extremo que algunos padres llegan incluso a vender a sus hijas para que tengan matrimonios infantiles a los 14 o 15 años. Cuando una familia adinerada se ofreció a comprar a Hareesha, su padre se negó. “Prometió trabajar duro y asegurarse de que comiéramos, aunque él no comiera”, dice ella. “Nos prometió darnos la educación que merecíamos”.
Las niñas que viven en las remotas aldeas forestales del estado de Andhra Pradesh se han visto privadas históricamente del acceso a una educación de calidad. Por eso, casi no tienen oportunidades de progreso económico ni opciones fuera del hogar. Estas niñas se enfrentan a numerosos desafíos, entre ellos las bajas tasas de alfabetización, el acceso limitado a la atención médica, la discriminación y la exclusión social. El hecho de no recibir una educación adecuada condena a estas niñas a una vida llena de limitaciones.
El papá de Hareesha no quería esa vida para ella. Él la animó a estudiar en una de las escuelas tribales del estado (“tribal” es la denominación adoptada por el gobierno de la India para reconocer a los grupos étnicos adivasi, quienes se consideran los habitantes originales del subcontinente indio en sentido amplio y representan alrededor del 9 por ciento de la población de la India). En colaboración con el gobierno federal, el Departamento de Bienestar Tribal del estado ha construido este tipo de escuelas para aliviar la pobreza y prevenir los matrimonios infantiles.

Crédito de la imagen: Anjali Kamat
Los papás de Hareesha la matricularon en el Internado y Colegio de Excelencia para Niñas del Programa de Bienestar Tribal (Tribal Welfare Girls’ Residential School and College of Excellence) en Vissannapeta. Alrededor de 640 niñas, desde 5.º de primaria hasta el 12.º grado, asisten al internado, donde reciben educación básica, además de comida, ropa y alojamiento. Sin embargo, las niñas siguen teniendo oportunidades limitadas de progreso porque el gobierno carece de recursos suficientes para proporcionar un componente fundamental que resulta crucial para ser competitivas en el mundo moderno: el acceso a herramientas y recursos digitales.
A Bobba Venkatadri le preocupaba esa disparidad. Nacido en Andhra Pradesh en 1943, Venkatadri había estudiado en el Instituto Zilla Parishad de Unguturu (India). Posteriormente, se licenció en la universidad —el primero de su familia en lograr ese hito educativo— y se trasladó a Estados Unidos, donde desarrolló una exitosa carrera en la industria farmacéutica y como inversor de capital riesgo.
Pero Venkatadri nunca olvidó dónde había comenzado su trayectoria y, hace diez años, en una de sus habituales visitas a Andhra Pradesh, centró su atención en su antiguo instituto. “Cuando volví y eché un vistazo al pueblo, todos los chicos de familias acomodadas habían dejado mi colegio y ahora asistían a colegios privados donde disponían de aulas de informática, laboratorios de STEM y aulas digitales”, explica Venkatadri. “Esos chicos están saliendo adelante, accediendo a las mejores universidades y consiguiendo los mejores trabajos. En cambio, estos chicos pobres se están quedando atrás. Estas chicas, debido a la falta de educación y de oportunidades de desarrollo personal, se ven obligadas a casarse cuando tienen 15 o 16 años”.
Venkatadri decidió que su misión sería ayudar a transformar las vidas de los niños en situación de desventaja de su país natal, dotándolos de herramientas de aprendizaje digital propias del siglo XXI. Además, en julio de 2020, se incorporó al Club Rotario de Burlingame & Hillsborough, en California, del que también somos socios. Pronto se daría cuenta de lo fundamental que podía ser la amplia red mundial de Rotary y su excelente reputación para ayudarle a alcanzar sus objetivos.
Venkatadri comenzó por recurrir al comité de servicio internacional del club para informar a otros socios sobre los retos a los que se enfrentan las niñas de las comunidades tribales de la India. Explicó cómo la educación digital podría ayudarles. Con ese objetivo en mente, desarrolló un plan sostenible de cinco puntos para dotar a las escuelas de laboratorios informáticos y de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) modernos; formar a los profesores para que sacaran el máximo partido a esas herramientas digitales; supervisar el progreso académico de los alumnos; fomentar la participación de los padres y la comunidad; e instalar paneles solares y sistemas de almacenamiento en baterías para garantizar un servicio de internet ininterrumpido en esas aldeas remotas.
El club comenzó a poner en marcha su plan en la antigua escuela de Venkatadri, el Instituto Zilla Parishad de Unguturu. Con el Club Rotario de Vijayawada al frente en la India, el equipo recaudó 63 000 dólares, incluida una subvención global de 28 000 dólares de La Fundación Rotaria. Los socios también se aliaron con la Kakinada Engineering Alumni Trust for Service; fundada en 2014 y conocida como KEATS, la organización, tal y como explica su página web, aspira a mejorar la situación de los miembros vulnerables de la sociedad “a través de programas de conocimiento, desarrollo de habilidades y desarrollo sostenible en los ámbitos de la educación, el empoderamiento y el medioambiente”.
Juntos, los aliados instalaron laboratorios informáticos y de STEM, proporcionaron el software educativo esencial y formaron y apoyaron a los profesores de la escuela de Unguturu mientras se adaptaban al nuevo entorno de aprendizaje digital. En colaboración con KEATS, el club de Vijayawada también realizó un seguimiento exhaustivo del progreso de los alumnos. Desde que se puso en marcha el proyecto en diciembre de 2022, el porcentaje de alumnos de la escuela que se gradúan ha aumentado del 46 % al 94 %, y la nota media en las asignaturas clave ha subido del 68 % al 80 %. La dirección de la escuela señala que “el uso de la tecnología ha mejorado la eficacia de la enseñanza y ha facilitado una mayor participación de los alumnos”, mientras que el gobierno local de Andhra Pradesh ha acogido con satisfacción la iniciativa y se ha comprometido a garantizar su sostenibilidad en los próximos años.
Se corrió la voz sobre el éxito del proyecto. El Club Rotario de Vijayawada Midtown se puso en contacto con Venkatadri y le propuso colaborar con él y su equipo para ayudar a que una escuela tribal para niñas entrara en la era digital. Con la participación de KEATS y el Club Rotario de Burlingame & Hillsborough una vez más, esta nueva alianza incorporó a dos aliados más: la Sociedad de Instituciones Educativas Residenciales para el Bienestar de los Pueblos Indígenas de Andhra Pradesh (APTWREIS), que administra escuelas, y la Sociedad Telugu de No Residentes de Andhra Pradesh (APNRTS), que coordina el uso estratégico de los recursos de los indios que viven en el extranjero.
Y la escuela que este equipo recién formado decidió apoyar fue el Internado y Colegio de Excelencia para Niñas del Programa de Bienestar Tribal de Vissannapeta, mismo que asiste Hareesha.

Crédito de la imagen: Anjali Kamat
Una vez más, se llevaron a cabo intensas actividades para la captación de fondos, en las que se recaudaron más de 90 000 dólares de clubes y distritos de California y la India, y se obtuvo una subvención global de 40 000 dólares. Ese dinero se utilizó para impartir capacitación a los maestros y equipar la escuela de Vissannapeta con dos laboratorios de computación y dos laboratorios de STEM.
A medida que avanzaba el proyecto de Vissannapeta, el equipo se dio cuenta de que había otras necesidades en la escuela. Las conexiones a internet y las fuentes de energía eran insuficientes, el agua disponible no era potable y los monos invadían constantemente el campus e interferían en el aprendizaje de las niñas. El equipo consiguió 132 700 dólares adicionales de empresas, organizaciones sin fines de lucro y particulares para realizar mejoras en la infraestructura, entre ellas energía solar, agua potable y barreras para mantener alejados a los molestos monos. Uno de los donantes más importantes, “Dr. Reddy’s Laboratories”, una empresa farmacéutica multinacional con sede en la India, afirmó que fue la participación de Rotary en el proyecto lo que la llevó a donar 100 000 dólares para mejoras de infraestructura.
La escuela inauguró los nuevos laboratorios de computación y STEM en diciembre de 2024. Ante la mirada de Venkatadri y otros socios del club rotario, Hareesha y sus compañeras de clase celebraron las nuevas mejoras en un desfile festivo y lleno de baile. Tanto ella como sus compañeras estaban encantadas con los nuevos laboratorios y las oportunidades que ahora tenían a su alcance. Su entusiasmo no fue solo algo pasajero: los resultados de los exámenes en la escuela ya han mostrado una mejora significativa.
Sin dormirse en los laureles, ese mismo equipo —los clubes rotarios Vijayawada Midtown y Burlingame & Hillsborough, junto con sus aliados, cuyos nombres son una sopa de letras: KEATS, APNRTS y APTWREIS centraron su atención en una tercera escuela de Andhra Pradesh: el Internado y Colegio Preparatorio para Niñas del Programa de Bienestar Tribal (Tribal Welfare Girls’ Residential School and Junior College), ubicada en Busarajupalle. El equipo recaudó 117 000 dólares, incluidos 52 000 dólares procedentes de una tercera subvención global, y este otoño la escuela inauguró dos nuevos laboratorios de computación y dos laboratorios de STEM. En 2026, Venkatadri y el Club Rotario de Burlingame & Hillsborough planean reunir al equipo una vez más para repetir las tres iniciativas anteriores en dos escuelas más de Andhra Pradesh.
“La educación es el mayor factor de igualdad entre gente rica y pobre”, insiste Venkatadri. Su misión de transformar las vidas de 10 000 niños en la misma región de la India donde comenzó el viaje de su vida ya está en marcha. Pero, como reconoce Venkatadri, son la solidez y la reputación de Rotary, así como su apoyo a la alfabetización y la educación básica —una de las áreas de interés de Rotary— las que han hecho que estos proyectos no solo sean posibles, sino que también tengan éxito.
Si evaluamos estos proyectos estrictamente desde la perspectiva de las actividades para la captación de fondos, han recaudado casi 725 000 dólares; entre los donantes se contaban no solo La Fundación Rotaria, sino también 24 clubes rotarios y tres distritos rotarios de Estados Unidos y la India, así como un grupo de empresas, organizaciones sin fines de lucro y donantes individuales, todos los cuales, al conocer la reputación de Rotary, sabían que su inversión sería acertada y estaría bien empleada.
Sin embargo, el éxito de estos proyectos no debe medirse únicamente por los resultados financieros. Invertir en estas niñas no solo les brinda la oportunidad de conseguir trabajo y salir del ciclo de la pobreza, sino que también las empodera para servir a los demás, convertirse en líderes y lograr un cambio generalizado.
No hay más que fijarse en Hareesha para comprobarlo. Nos contó su historia a varios de nosotros, socios del club de California, cuando asistimos a la inauguración de los laboratorios de computación y STEM en su escuela. “Mis padres tienen grandes expectativas puestas en mí”, nos dijo. “Quiero ser cardióloga porque mi sobrina falleció a causa de una enfermedad cardíaca. Si hubiéramos tenido un médico en la familia, esa niña habría tenido una vida feliz. Por eso estoy decidida a seguir una carrera para convertirme en médico”.
Animada por las oportunidades que ahora tiene a su alcance, Hareesha está pensando más allá de lo que puede hacer por su familia y su pueblo. “Cuando sea doctora, quiero acabar con la pobreza y ver cómo se desarrolla el país”, dijo. “Quiero cambiar el mundo que me rodea. Sé que eso llevará tiempo, pero sin duda lo haré. Este es mi sueño”.
Y así, el sueño de Venkatadri alimentó el sueño de Hareesha: un sueño que Rotary mantuvo vivo y al que le dio la posibilidad de hacerse realidad.
Charlene Drummer y Jeff Krolik son socios del Club Rotario de Burlingame & Hillsborough, en California.
Este artículo fue publicado originalmente en la edición de noviembre de 2025 de la revista Rotary.