

Es posible que nunca hayas visto a un trabajador de la salud comunitario. Puede que ni siquiera hayas oído este término antes. Pero estas personas, muchas de ellas voluntarias, desempeñan un papel cada vez más importante en los sistemas de salud de todo el mundo. Y son esenciales para las iniciativas de salud de Rotary, especialmente en la lucha contra la polio y otras enfermedades.
Los trabajadores de la salud comunitarios suelen ser mujeres. Disponen de amplias redes personales que les permiten identificar y conectar con las personas desfavorecidas que viven a su alrededor. A menudo van de casa en casa, proporcionando intervenciones médicas básicas y asesoramiento. En muchos países, son la principal fuerza de trabajo que administra la vacuna contra la polio.
“Otro objetivo común de su trabajo es la salud materno-infantil, pero incluso eso puede implicar el apoyo a la inmunización”, afirma Svea Closser, antropóloga médica y profesora de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, Maryland (EE. UU.).
“Hacen algunos controles básicos, prenatales, y a menudo acompañan a las mujeres al hospital cuando llega el momento de dar a luz. Después de que nace el bebé, hacen un seguimiento para alentar a la madre a que lo vacune”, dice Closser, que ha estudiado a trabajadores de la salud comunitarios en Etiopía, India, Nepal, Pakistán y otros países. “Además de colaborar con las campañas contra la polio en casi todos los países, también prestan apoyo adicional para otras vacunas: llevar a la gente a los lugares donde se administran las vacunas, disipan los temores de los padres sobre las vacunas, cosas así”.
Administrar vacunas y educar a la gente sobre su necesidad son algunas de las tareas más importantes que realiza una trabajadora de la salud comunitaria. Esto es especialmente cierto en Pakistán, uno de los dos únicos países donde aún circula el poliovirus salvaje. (El otro es Afganistán.)
Más de 400 000 trabajadores de la salud comunitarios están desplegados por todo Pakistán, incluidas las regiones más remotas. Se trata de un escuadrón que solo es superado en tamaño por el ejército real de Pakistán, afirma Israr Ul Haq, que desempeña un papel clave en la supervisión del vasto grupo. Es especialista en cambio social y de comportamiento del Unicef, uno de los principales aliados de Rotary en la Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Polio.
Ul Haq habló recientemente de las exigencias de encontrar, capacitar y gestionar casi medio millón de trabajadores de la salud comunitarios. En Pakistán, se dividen en trabajadores de primera línea y movilizadores sociales.

Israr Ul Haq, especialista en cambio social y de comportamiento, Unicef Islamabad, (Pakistán)
P: ¿Qué hacen los trabajadores de primera línea y los movilizadores sociales?
R: Los trabajadores de primera línea van de casa en casa para administrar la vacuna. Los movilizadores sociales transmiten a la comunidad el mensaje de la importancia de la vacunación contra la polio y también de la salud y el bienestar de niños y madres
P: ¿Necesitas encontrar trabajadores que vivan en cada comunidad, en todo Pakistán?
R: Sí. Es muy importante que las personas tengan vínculos sociales y afectivos con los trabajadores que llegan a sus puertas. Los movilizadores sociales deben ser bien conocidos en la comunidad, así que tenemos que elegirlos entre las personas de la comunidad. No podemos traer a alguien de fuera.
P: ¿Por qué no?
R: Se piensa: “La gente que vive entre nosotros nunca nos haría daño”. Tenemos que ganarnos la confianza de la gente. Necesitamos que la gente entienda por qué insistimos en la importancia de la vacunación contra la polio más que en cualquier otra cosa. Esa aceptación social es muy importante. Tras 28 años de este programa, más del 95 % de las personas abren sus puertas para vacunar a sus hijos.
P: ¿Qué cualificaciones se buscan a la hora de contratar trabajadores de la salud?
R: Trabajamos principalmente con mujeres. Tenemos una sociedad conservadora en la que a los hombres de otras familias no se les permite entrar en las casas. El acceso a las madres es muy importante, y en algunas zonas es casi imposible que los hombres hablen con ellas. Sin embargo, en las zonas alejadas, donde es muy difícil que las mujeres viajen, es muy difícil conseguir que las mujeres hagan este trabajo. Y entonces debemos trabajar con varones de dentro de esas comunidades.
P: ¿Existen otros retos a la hora de contratar trabajadoras en zonas remotas?
R: Las trabajadoras deben tener formación suficiente para leer y escribir, pero depende de la tasa de alfabetización de la zona. En zonas con bajos índices de alfabetización, hemos contratado a mujeres mayores que no sabían leer ni escribir pero eran conocidas en sus comunidades.



