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Lecciones de paternidad

Desde Erdenet (Mongolia) hasta Evanston (Estados Unidos), el apoyo a los padres puede cambiar vidas

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Hace tres años, Davaanyam Gongorjav, un joven padre que vive en Erdenet (Mongolia), se encontraba en una situación desesperada. Su esposa había muerto recientemente de cáncer. No tenía trabajo ni guardería para sus hijas de 4 y 7 años. Pero, sobre todo, se enfrentaba a una crisis de confianza como padre.

En realidad, Davaanyam no era el único en esta situación. En Erdenet había docenas de padres sin pareja que se enfrentaban a desafíos similares en una cultura en la que la noción de un padre que cría a sus hijos solo es insólita, y en la que el apoyo de la comunidad a esos padres es prácticamente inexistente.

Un profesor de la Universidad Internacional de Ulán Bator habló sobre estos padres a Jennifer Scott, una rotaria australiana que trabaja en el campo del derecho y la mediación. En poco tiempo, Scott y un grupo de colegas realizaron una evaluación de las necesidades de la comunidad y organizaron un taller para casi dos docenas de padres sin pareja, gracias al apoyo de una subvención global de La Fundación Rotaria.

«Se trataba de hombres en circunstancias trágicas, que habían perdido a sus esposas al dar a luz o debido al cáncer», dice Scott, socia del Club Rotario de Central Blue Mountains, quien viajó a Mongolia como parte de un equipo de capacitación profesional. «Amaban a sus hijos y querían criarlos. Pero vivían en una sociedad en la que la suegra considera que la crianza de los hijos le corresponde a ella y, por lo tanto, intentaría apartarlos».

Los padres desempeñan un papel importante en la vida de sus hijos, pero a menudo carecen de apoyo.

Fotografía: Andrew Esiebo

La historia reciente de Mongolia no hace más que agravar su difícil situación. Bajo la influencia soviética, los hombres mongoles tenían la tarea de pastorear y cultivar la tierra, señala Scott, mientras que las mujeres jóvenes recibían educación. El posterior auge de la minería se cobró gran parte de la superfice agrícola del país, dejando a muchos hombres sin ninguna educación o sentido de la identidad. «Estos hombres se sentían, por lo tanto, terriblemente desempoderados», dice.

El taller, según todos los indicios, obtuvo resultados asombrosos. Pero Scott y los demás facilitadores primero tuvieron que aprender una lección crucial. «El primer día de capacitación de los padres, invité a muchas trabajadoras sociales a observar», recuerda Enkhtuya Sukhbaatar, socia del Club Rotario de Ulaanbaatar que ayudó a organizar el proyecto. «Queríamos aprender de los profesionales australianos cómo trabajar con estos padres. No nos dimos cuenta de que estos padres necesitan instructores masculinos».

Solo después de que se les pidió a todas las mujeres que abandonaran la sala, los padres estuvieron dispuestos a hablar sobre las dificultades que enfrentaban. «Eso marcó toda la diferencia», recuerda Scott. «Los hombres finalmente pudieron hablar sobre la complejidad de la paternidad, el riesgo de perder a sus hijos mientras lloraban la pérdida de sus esposas y el hecho de que el sistema no les ofrecía ningún tipo de ayuda».

A hombres como Davaanyam, el taller les cambió la vida. «Me siento muy afortunado de ser parte de este proyecto», dice el joven de 31 años. «No puedo imaginar cómo habría manejado mi vida como padre sin él».

Davaanyam no solo ganó confianza en su papel como padre, sino que también se convirtió en miembro de una asociación local de padres. Otro padre lo contrató como guardia de seguridad en una escuela de formación profesional. También ha podido obtener servicio de guardería y asesoramiento de agencias locales.

«Los hombres finalmente pudieron hablar sobre la complejidad de la paternidad... y el hecho de que el sistema no les ofrecía ningún tipo de ayuda».

«Fue uno de esos proyectos rotarios perfectos en los que vas a un lugar y puedes realmente empoderar a las personas», explica Ian Scott, esposo de Jennifer y también socio del club Central Blue Mountains, quien ayudó a administrar el taller. «Jennifer y sus colegas brindaron apoyo profesional y académico. Pero fueron los habitantes de la zona los que realmente aceptaron la idea y la llevaron a cabo». El resultado no es solo el empoderamiento personal, sino el cambio sistémico en la forma de un mayor apoyo social y legal para los padres sin pareja en Mongolia.

En cifras - Entre los papás estadounidenses:

  1. El 63 %

    dicen que pasan muy poco tiempo con sus hijos

  2. El 39 %

    dicen que están haciendo un «muy buen trabajo» criando a sus hijos

  3. El 57 %

    dicen que la crianza de hijos es «extremadamente importante» para su identidad

    Fuente: Pew Research Center

Para Jennifer Scott, el proyecto puso de manifiesto que, si bien la importancia de las madres es universalmente reconocida y apreciada, el papel de los padres es muy frecuentemente pasado por alto y desatendido.

Esa es una opinión que Brian Anderson, a medio mundo de distancia en los Estados Unidos, comparte. Hace aproximadamente una década, cuando nació su primera hija, Anderson vio a su esposa unirse rápidamente a una gran cantidad de grupos de apoyo para las madres, tanto en persona como en línea. Pero cuando comenzó a buscar grupos de padres, no encontró casi nada.

Anderson, trabajador social y consejero interreligioso en Evanston, Illinois, decidió crear Fathering Together, el cual comenzó como «un grupo de padres que se reunían en un bar todos los meses para hablar». En poco tiempo unió fuerzas con un amigo que había formado un grupo de Facebook llamado Papás con Hijas.

Ese grupo se ha convertido en una de las mayores redes de padres del mundo, con más de 125 000 miembros. «Muchos padres hacían preguntas al grupo», recuerda Anderson, «y todo lo que buscaban podría resumirse en esto: Quiero ser mejor padre que mi padre, pero no sé cómo ni dónde buscar».

Anderson había encontrado la misma ausencia de apoyo a la que Davaanyam se enfrentó en Mongolia. La pregunta que atormentaba a Anderson era la siguiente: ¿por qué? ¿Por qué fue tan difícil para padres como él encontrar una comunidad?

Después de hablar con cientos de padres de manera informal, Anderson concluyó que existen tres factores: «En primer lugar, la mayoría de nosotros todavía crece en una cultura que dice a los papás que necesitan ser los proveedores de sus familias y no mucho más», observa. «En segundo lugar, no se nos da ningún apoyo cuando se trata de traducir nuestras habilidades profesionales en nuestras vidas como padres. Y quizás lo más importante, fuimos socializados de una manera que nos hace sentir incómodos a la hora de mostrar o compartir nuestras emociones».

A medida que crecía la membresía en el grupo de Facebook, Anderson constituyó Fathering Together como organización sin fines de lucro. «Queremos brindar apoyo a los padres, pero también hacerlos responsables de aquello que necesitan ser para sus familias», dice.

Esa responsabilidad es válida para el propio Anderson. Él recuerda un incidente, hace un año y medio, cuando estaba arropando a su hija de 7 años, Clara, en la cama. Ella no le dejaba darle un beso de buenas noches. Cuando él le preguntó qué estaba pasando, ella respondió: «Es que diriges este grupo para papás, pero tú no estás siendo un buen papá conmigo".

Los niños con padres involucrados tienen el doble de probabilidades de ir a la universidad y el 80 por ciento menos de pasar tiempo en la cárcel, según una investigación compilada por la Universidad de Texas en Austin.

Fotografía: Monika Lozinska.

En ese momento, Anderson tenía un trabajo a tiempo completo como gerente de programas, y también trabajaba durante las noches y fines de semana en Fathering Together. La verdad encerrada en el comentario de su hija lo traspasó. Aguantando las lágrimas, le dijo a su hija que tenía razón. Reconoció que estaba poniendo toda su energía creativa en su proyecto, en lugar de en su familia. Y se comprometió a cambiar.

Un par de semanas más tarde, llegó una fuente importante de financiación, lo que permitió a Anderson dejar su trabajo y dedicarse a Fathering Together a tiempo completo.

Por medio de la organización sin fines de lucro, ha organizado talleres para empoderar a los padres a contar sus historias y comprender los valores que buscan transmitir a sus hijos.

«Me encuentro con muchos papás que están lidiando con el trauma de la desconexión de sus propios papás y dicen: 'Necesito ser la persona que cambie eso'», dice. «La pregunta es: ¿Cómo abandonar las antiguas costumbres y vivir una paternidad más conectada?"

Con ese fin, Anderson está trabajando en un libro llamado Fathering Together.

El objetivo de los padres de hoy, explica, sigue siendo el mismo, ya sea en Evanston o en Erdenet. «No es ser perfecto, porque todos cometemos errores», dice. «Es estar presente para nuestros hijos, honrar el don de la paternidad».

Este artículo fue publicado originalmente en el número de septiembre de 2022 de la revista Rotary.

Este proyecto fue apoyado por una subvención global de La Fundación Rotaria.