Luke Pytlik: artista del tatuaje, ex marine y rotario

Tattoo artist Luke Pytlik creates a Rotary wheel on fellow Rotarian Dane Wunderlich's leg.
Fotografía de: Photo courtesy of Dane Wunderlich

El hombre tendido boca abajo en la camilla no está para reírse. En ese mismo momento un instrumento le inyecta en la pantorrilla izquierda agujas llenas de tinta con la fuerza de un martillo neumático. "Es como si estuvieran picando mil abejas", explica Dane Wunderlich con su estoica sonrisa. "O quizás diminutas hojas de afeitar".

“O como una puñalada atrás de la otra con una navaja de precisión", aclara Luke Pytlik, artista del tatuaje que maneja el inyector de tinta, mientras dibuja en la piel de Wunderlich la rueda emblema de Rotary que este socio espera lucir con orgullo toda su vida..

Pytlik y Wunderlich son socios del Club Rotario de Temecula Valley-New Generation, localidad situada a mitad de camino entre Los Ángeles y San Diego. Wunderlich es el actual presidente del club y Pytlik, el macero y presidente del Comité de Servicio Internacional. Como la madre de Wunderlich lleva varias décadas afiliada a Rotary, no debe sorprender que él fuera también socio fundador de su club a una edad temprana. Sin embargo, a Pytlik, quien anteriormente prestar servicio en la infantería de marina de EE.UU., nunca se le había ocurrido afiliarse a Rotary hasta que, en 2012 viajó a la India en el marco del programa de Intercambio de Grupos de Estudio. Hoy, sencillamente, afirma: "Rotary es mi religión”.

Para demostrarlo, junto con otro amigo, Bradley Petersen, reservista del ejército, en el pasado mes de julio Pytlik recorrió la senda John Muir, ruta de 350 kilómetros en California. Mientras se entrenaba para la caminata se le ocurrió la idea de aprovecharla para recaudar dinero para un proyecto de Rotary que le era muy querido: reconstruir una escuela primaria de Nicaragua que se encontraba en ruinas. Se había enterado de la existencia de esa escuela meses atrás, en el primer viaje de servicio internacional que efectuó tras afiliarse a Rotary. La escuela se encuentra en la pequeña localidad de Francisco Laguna y a ella asiste más de un centenar de niños. Los alumnos se ven obligados a sentarse en el suelo de tierra, bajo un techo lleno de goteras y se sostiene apenas con dos de las cuatro paredes. Ante las deplorables condiciones del de dicho centro de enseñanza, Pytlik decidió regresar para ayudar a construir una escuela adecuada.

Por supuesto, eso cuesta dinero y para conseguirlo repartió volantes, hizo promoción en las redes sociales y, además, promovió su travesía en la senda John Muir entre los demás clubes del distrito. En realidad, Pytlik obtuvo la mayor parte de los fondos apelando a la generosidad de sus propios clientes a quienes explicaba el plan mientras los tatuaba. Trece días después de emprender el arduo camino, Pytlik y Petersen llegaron a la cumbre del Monte Whitney, que con sus 4.400 metros de altitud, es la cima más elevada de los Estados Unidos continentales.

Pytlik es una persona resuelta e ingeniosa, exactamente la clase de persona necesaria para las misiones de Rotary a lugares que a nadie se le ocurriría visitar. Me imagino que los rotarios del Distrito 5330 que entrevistaron a Pytlik para el Intercambio de Grupos de Estudio percibieron en él esa fuerza serena y ausencia de alarde.

Aunque Pytlik relata que tuvo una niñez pobre, la experiencia de la India le cambió por completo la forma de ver las cosas. "Uno va por la calle y ve hombres adultos que se bañan en el chorro de agua que sale de una tubería. Los vendedores tienen un enorme surtido de dentaduras usadas, de diferentes tamaños y colores, y están todas en el mismo suelo de la calle. Hay tantas diferencias en lo que la gente cree que necesita, que uno no entiende nada al principio".

Pytlik explica que la India significó un cambio total para él. "Desde que volví, dejé de preocuparme por si las cosas no salían perfectas del todo como yo quería. Creía que a los 35 años sería rico. No era feliz. Rotary me sirvió para ocuparme de otra cosa que no fuera mis propios problemas”.

Pytlik decidió viajar a Nicaragua porque Crystal Martin, otra socia del club quería aprender a hacer surf. Martin se enteró casualmente de que el balneario natural donde iba a aprender surf había suscrito un convenio con Waves de Hope, una asociación de ayuda al desarrollo que trabaja en Nicaragua y se encarga de crear fuentes de trabajo, reparar viviendas y llevar agua potable a la población necesitada.

Cuando Martin regresó de Nicaragua y contó lo que había visto, los rotarios del club manifestaron interés en apoyar la labor de dicha asociación. A finales de 2012, Pytlik y otros socios se trasladaron a la localidad de Manzanillo para ayudar a reparar la escuela y abrir un pozo de agua. En esa visita Pytlik encontró la escuela de Francisco Laguna y se juró que ayudaría a los alumnos a erigir las cuatro paredes, colocar un techo seguro, pupitres y un pizarrón de verdad en vez del trozo de piedra de pizarra en cuya superficie despareja escribía la maestra. Según Pytlik hacen falta US$ 20.000 para culminar el proyecto, pero está decidido a continuar la obra cueste lo que cueste, aunque tenga que volver a cruzar la senda de John Muir o embarcarse en un viaje a la Luna.

"Se dice por ahí que los rotarios son egoístas porque se sienten bien cuando ayudan a los demás. En ese sentido, yo también soy egoísta".

Adaptación de un artículo publicado en el número de enero de 2014 de The Rotarian

4-Feb-2014
RSS