La historia rotaria de un trabajador estelar

Cecil “Pancho” Padilla speaks during his induction into the Arch C. Klumph Society 19 October 2012.
Fotografía de: Monika Lozinska/Rotary International

Las emociones de Cecil " Pancho" Padilla están tan a flor de piel que a veces se apoderan de él. Su voz se quiebra al recordar su participación en el establecimiento de una clínica dental en Mulege, México: "Había una chica afectada por la polio que habíamos ayudado en una visita anterior, y en esta visita pudimos encontrarle un carrito de golf para que no tuviera que arrastrarse por el suelo".

Después de una larga pausa, continúa con voz vacilante, apenas audible. Habla de haber visto al padre de la niña de pie, solo, mientras el grupo celebraba la llegada del carrito de golf de su hija.

"Me acerqué y le pregunté por qué no participaba en la celebración, y me dijo: "Estoy tan avergonzado. Me da vergüenza que ustedes le hayan dado a mi hija lo que no he podido darle." Padilla se seca las lágrimas con la mano, respira profundamente, y ya calmado, termina la historia.

Si uno pasa tiempo con Pancho Padilla, descubres que estos sentimientos suelen abrumarlo. En su labor rotaria, que lo ha llevado a más de 70 países, mantiene sus emociones bajo control y hace uso de sus dotes de mecánico autodidacta, capaz de arreglar cualquier cosa. Pero una vez que está de vuelta en casa, con tiempo para reflexionar, los recuerdos pueden reaparecer sin previo aviso.

Padilla tiene 72 años y vive en Davis, cerca de Sacramento, California. Se jubiló de Pacific Gas and Electric hace dos décadas, y ahora compra y restaura coches antiguos, hace motocross, y es voluntario con Habitat for Humanidad y Rotary. Su casa está llena de recuerdos, cintas y placas rotarias que reflejan sus viajes por el mundo con Rotary.

Pero la pasión de Padilla por Rotary va más allá de su colección de recuerdos. A través de los años, ha donado US$ 250.000 a La Fundación Rotaria y gracias a este logro, ingresó en el Círculo Arch C. Klumph en 2012. En la ceremonia, recordó el momento en que su jefe en Pacific Gas and Electric lo invitó a afiliarse al Club Rotario de Placerville. "Ni siquiera imaginaba que eso que comenzó como un requisito de la compañía se convertiría en una pasión y una vida dedicada al servicio". Actualmente, es socio del Club Rotario de Winters.

Principios humildes

Como hijo de padres méxico-americanos dueños de una pequeña granja en la zona rural de West Sacramento, el joven Padilla alimentaba a los cerdos y reparaba equipos mientras que sus padres trabajaban como jornaleros en la ciudad para mantener a su familia "No sabía que éramos pobres hasta que fui a la escuela y los otros niños se rieron de mi ropa manchada. Mis hermanos y yo crecimos felices de todas formas."

Esas dificultades endurecieron las manos de Padilla, pero no su corazón. En el viaje a Mulege, se identificó instintivamente con el orgullo herido del padre de la víctima de la poliomielitis, y con la misma facilidad con la propia víctima. "Siempre hay algo que me conmueve en cada país que visito. Me abraza un padre, o un niño, y no quieren dejarme ir porque he podido ayudar. Por eso regreso una y otra vez".

Para ser un hombre tan profundamente involucrado con Rotary -se calcula que posee 97 camisetas con el emblema de Rotary- su contacto inicial con la organización no fue favorable. Pasó sus primeros cuatro años almorzando en el club de Placerville y tomándose una copa con los socios después del trabajo. Pero en una Conferencia de distrito a finales de los años 70 conoció a un dentista, Don Ratley, que quería establecer una clínica dental en Mulege. "Hablaba español, así que me acerqué para traducirle", recuerda Padilla.

La importancia de la superación

En esa gira en 1979, Ratley Padilla le enseñó a ser asistente dental -una habilidad que más tarde le serviría en misiones a África y más allá. Él y Ratley establecieron una clínica dental muy básica. Más bien eran sacamuelas, por una razón muy sencilla: No tenían equipo para empastes de caries. Hoy, la clínica cuenta con el apoyo de muchos clubes y ocupa un edificio independiente, equipado con tres sillones dentales, máquinas de rayos X y equipo de prótesis dental. Padilla instaló ventiladores de techo. Ningún residente local tiene que pagar por los servicios allí. "Hemos recorrido un largo camino", dice.

En estos días, cuando no está en una misión de Rotary, lo encontrará ayudando a para Laura Día, gobernadora del Distrito 5160. El distrito mide 300 kilómetros de largo e incluye 71 clubes, pero Padilla se ha comprometido a llevarla a visitarlos todos. "Después de tanto tiempo juntos en el auto , lo conozco bien", dice Day . "Yo sé que él durmió en pisos de tierra en El Salvador, y probablemente se pasaba toda la semana con la misma ropa para poder excavar un camino o construir un puente. Ha administrado vacunas contra la polio, laborado en clínicas médicas en Filipinas y practicado asistencia dental en México, Nepal y África -lo que hiciera falta ".

Pronto partirá a Mulege con dos equipos que ha organizado para trabajar en una clínica dental, a Haití para ayudar en un proyecto de recuperación y a Chile. Para Padilla, la gratificación que proviene de servicio es intensa y omnipresente.

"Tal vez no tengo palabras para expresar lo que siento, pero no hay nunca ninguna duda de que voy a quedarme con algo de cada proyecto. Podría ser tan simple como una tortilla caliente que me de un niño, algo que me va a conmover. Me he preguntado muchas veces, ¿que sería de mi vida sin esas experiencias? "

La historia se publicó originalmente en mayo de 2013 en The Rotarian.

11-Nov-2013
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