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 Viva Lviv: la vida en tiempos de guerra

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Al acercarse el primer aniversario de la invasión rusa de Ucrania, Wen Huang, redactor de la revista Rotary, viajó a Europa donde fue testigo de la resistencia del pueblo ucraniano y del amplio alcance de la red mundial de Rotary.  En la segunda entrega de su reportaje de dos partes, Huang cruza la frontera de Polonia a Ucrania.

Contribuye al Fondo de Respuesta para Ucrania
de La Fundación Rotaria.

Viernes, 10:00 h, sureste de Polonia

«Ya puedo oler Ucrania», exclama Vasyl Polonskyy con una amplia sonrisa en su rostro juvenil. «Estamos muy cerca de la frontera». 

Estamos atravesando el sureste de Polonia por una carretera rural recién asfaltada. Polonskyy saca la cabeza por la ventanilla y respira hondo. Hago lo mismo, pero no logro captar el olor de nada característicamente ucraniano. Polonskyy me lee el pensamiento. «Solo los ucranianos podemos detectar el olor único de nuestra tierra», dice. «Cada vez que vuelvo de un viaje al extranjero, siempre sé que he llegado a casa, solo por el olor. Quiero mucho a mi país y la guerra solo ha hecho que mi amor sea más fuerte».   

Conocí a Polonskyy esta misma mañana en la ciudad polaca de Zamość. Alto y delgado, es el presidente electo del Club Rotario de Ucrania Unity Passport. Se levantó al amanecer para cruzar la frontera para venir a buscarme.

Tras la invasión rusa, el gobierno ucraniano prohibió a la mayoría de los hombres de hasta sesenta años salir del país, para que estuvieran disponibles para el servicio militar. Le pregunto a Polonskyy por su situación a este respecto. «Todavía no», responde. «Ayudo a mi país de otra manera». Provisto de un pase especial, él y otros socios de Rotary viajan a Polonia varias veces al mes para recoger alimentos, medicinas, ropa y generadores eléctricos donados por clubes rotarios de todo el mundo, y se encargan de distribuirlos en las ciudades ucranianas más afectadas. Poco antes de mi visita, viajaron a Polonia para recoger la segunda de las dos ambulancias donadas y trasladadas desde Alemania a Polonia por socios del Club Rotario de Medford Sunrise, Nueva Jersey (EE. UU.). También regresaron recientemente con un minibús repleto de suministros médicos enviados por rotarios finlandeses.

«En momentos como este, la red de Rotary es realmente asombrosa», asegura.

Al acercarnos a la frontera polaca, pasamos junto a una larga fila de camiones. Polonskyy dice que la cola a veces alcanza de 3 a 5 kilómetros, y que en ocasiones los conductores tienen que esperar varios días para cruzar. Por suerte, la cola para los automóviles de pasajeros es corta: la guerra ha acabado con el turismo. En el puesto de control fronterizo, Polonskyy dice a los agentes que soy un voluntario civil de Estados Unidos. En cuestión de minutos, dos sellos de visado se añaden a mi pasaporte.  

La idea de que estamos a punto de entrar en un país en guerra me ha hecho sentir visiblemente tenso durante el viaje, pero esa sensación de nerviosismo da paso a la emoción al llegar a la frontera. Hago una foto a un gran cartel azul que indica las distancias a Lviv y Kiev. Envío la foto a mis colegas de Rotary junto con un mensaje de júbilo: «Acabo de entrar en Ucrania».

Viernes, mediodía, acercándonos a Lviv

La región de Lviv ha sido la puerta por la que millones de ucranianos, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, han escapado del país. En el momento de mi visita, esta urbe del oeste de Ucrania se había librado en gran medida de los bombardeos y ataques masivos de misiles rusos, aunque los recientes ataques a la red de suministro eléctrico de la ciudad auguraban un crudo invierno.

Los rotarios (desde la izquierda) Hennadii Kroichyk, socio del Club Rotario de Lviv y exgobernador del Distrito 2232, y Vasyl Polonskyy, presidente electo del Club Rotario de Ucrania Unity Passport, viajan a Polonia varias veces al mes para recoger suministros donados por clubes rotarios de todo el mundo.

Fotografía: Wen Huang

Pero la vida parece transcurrir con normalidad en los pueblos cercanos a Lviv. Pasamos junto a granjas con tejados rojos y divisamos a agricultores trabajando los campos. De vez en cuando veo la cúpula de una iglesia. La tranquilidad del paisaje consigue adormecerme. 

El automóvil se detiene bruscamente. Me despierto y veo a un soldado mirando por la ventanilla. Estamos en un puesto de control militar. Sacos de arena y bloques de hormigón bloquean en parte la carretera, y más adelante hay trampas antitanque metálicas, denominadas «erizos». Son un crudo recordatorio de que estamos en una zona de guerra. Vuelvo a sentir ansiedad.  

Tras ser interrogado, Polonskyy sube la ventanilla y anuncia que hemos llegado a Lviv. Luego, vuelve a advertirnos que no saquemos fotos de puentes vigilados ni de puestos de control de camino al hotel. La gente podría sospechar que somos dyversanti, saboteadores que alertan a los rusos de objetivos potenciales. 

Al pasar por delante de un centro comercial, me sorprende ver una obra nueva con vallas de colores que anuncian un atractivo complejo residencial. Polonskyy informa que más de 150 000 ucranianos desplazados se han asentado en Lviv. La ciudad está construyendo apartamentos para alojarlos.

Viernes, 15:00 h, Hotel Lviv

Con su suelo de falso mármol, el vestíbulo del Hotel Lviv es todo un ejemplo de utilitarismo soviético. Pero cuando miro a mi alrededor, veo una pancarta que me resulta familiar cerca de la puerta del ascensor. En grandes letras moradas proclama Imagina Rotary, el lema de la presidenta de RI Jennifer Jones. De repente me siento como si estuviera en casa. 

Cuando te registras en un hotel de otra parte del mundo, te suelen informar de la ubicación de los restaurantes, el gimnasio y el bar. Pero aquí en Lviv, la joven y seria recepcionista me da instrucciones para llegar al refugio antiaéreo. No tengo ni idea de cómo responder.

«Damos la bienvenida a los refugiados y les ofrecemos la oportunidad de llevar una vida normal hasta que acabe el horror», afirma Borys Bodnar, socio del Club Rotario de Ucrania Unity Passport.

Fotografía: Ed Zirkle

Mi habitación tiene electricidad, pero apenas sale agua caliente del grifo. No obstante, me siento agradecido tras mi largo viaje. Una hora más tarde, me uno a unos cincuenta socios de Rotary en una pequeña sala de conferencias en la segunda planta del hotel. Han viajado hasta aquí para participar en un seminario distrital de La Fundación Rotaria. Mykola Stebljanko, editor de la revista regional de Rotary en Ucrania, está ofreciendo una presentación. Una semana antes, mientras estaba de vacaciones en Berlín, Stebljanko me sorprendió al invitarme a asistir al seminario. Desde entonces, dedico mis vacaciones a viajar hacia el Este, siguiendo las indicaciones de un enigmático interlocutor con acento británico: Borys Bodnar. 

Durante un descanso, esa voz con acento familiar se hace oír detrás de mí. «Borys», grito y me doy la vuelta. El misterioso hombre que orquestó cada una de las etapas de mi viaje a Ucrania se materializa como una figura imponente de rostro apuesto. Le pregunto por su acento británico.  

Sus padres, explica, huyeron de Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial y se establecieron en el Reino Unido. Nacido en Leicester, pasó la mayor parte de su vida en Londres como asesor fiscal y auditor en diversas instituciones financieras, antes de trasladarse a Lviv hace cuatro años. Aquí fundó una empresa de exportación de muebles de oficina y se afilió a Rotary para «conocer gente y hacer el bien», afirma. En junio de 2020, se convirtió en presidente fundador del Club Rotario de Ucrania Unity Passport. «A las seis semanas de la fundación del club, contábamos con 35 socios», explica. «Ahora tenemos 37.  La gente desea unirse a nosotros y ayudar»”

Bodnar explica que, cuando comenzó la guerra, los socios de Rotary en Ucrania formaron un comité de crisis. Una de sus primeras prioridades fue ayudar a los refugiados que huían de ciudades que estaban siendo atacadas. El comité también trae suministros donados por clubes rotarios de todo el mundo y los distribuye donde más se necesitan.

Bodnar me muestra un paquete de tabletas potabilizadoras. Con la ayuda de La Fundación Rotaria, el Club Rotario de Ucrania Unity Passport y clubes de Gran Bretaña, Irlanda y Estados Unidos han comprado pastillas potabilizadoras para familias de regiones situadas en primera línea, donde las fuentes de agua potable han quedado destruidas. Al mismo tiempo, su club colabora con Aquabox y Water Survival Box, organizaciones benéficas fundadas por clubes rotarios del Reino Unido, para obtener kits de filtros de agua que se distribuirán en Ucrania.

Iryna Ivanova, socia del Club Rotario de Kharkiv New Level, se me acerca para contarme su historia. En el seminario de Rotary, ella espera volver a conectar con su red rotaria para obtener suministros esenciales que los habitantes de Járkov necesitarán para sobrevivir al duro invierno.

Ivanova me cuenta con orgullo cómo los ocho clubes rotarios de Járkov han habilitado un gran almacén dentro de un centro comercial administrado por rotarios. Allí reciben, cargan y distribuyen los suministros donados por Rotary y otros organismos de socorro de Europa y Norteamérica. Más de cincuenta voluntarios trabajan a diario para clasificar y distribuir las donaciones. «Antes de la guerra, muchas personas, incluidos los socios de mi club, probablemente no entendían el poder de Rotary», afirma. «Ahora, cuando ven cómo los rotarios ayudan a la gente, desean formar parte de Rotary».

  1. Iryna Ivanova huyó de Járkov en marzo con sus cuatro hijos. A pesar de que su familia ha encontrado refugio en Irlanda, ella quiere ayudar a las personas que deberán enfrentarse al duro invierno

    Fotografía: Ed Zirkle

  2. Voluntarios en un almacén en Járkov

    Fotografía: Ed Zirkle

Viernes, 17:00 h., Hotel Lviv

La sirena antiaérea golpea con fuerza mis tímpanos. Presa del pánico, vuelvo corriendo a mi habitación. Tomo el portátil, la cartera y el cargador del teléfono y bajo corriendo las escaleras hasta el vestíbulo, donde me encuentro con Iuliia Pavichenko, presidenta del Club Rotario de Kharkiv Nadiya. Ella me explica que la palabra ucraniana nadiya significa «esperanza». 

«¿No oyes la sirena?», grito. "¿Cómo pueden estar todos tan tranquilos?». 

«Es una alerta aérea a nivel nacional, no específicamente para Lviv», dice en inglés con su pronunciado acento. «[cuando comenzó la guerra] teníamos miedo y corríamos rápidamente hacia el refugio.  Pero sabemos que la vida tiene que seguir y tenemos que luchar contra los rusos. No podemos tener miedo»."

El Club Rotario de Kharkiv Nadiya colaboró con los clubes rotarios de Rovaniemi Santa Claus en Finlandia y otras partes de Europa para patrocinar un espectáculo navideño para los niños de Ucrania.  

Cortesía de Iuliia Pavichenko

Nos acomodamos en un sofá. Pavichenko saca su iPad y me habla de un proyecto del club, denominado Futuro Sano para Ucrania, que ofrece apoyo psicológico a menores y a sus familias. «Los niños ucranianos han sufrido enormemente durante la guerra», explica. «Muchos se han visto obligados a abandonar sus hogares y sus familias están separadas. Sus padres se han incorporado al ejército y sus abuelos huyeron a otras ciudades». 

A principios de octubre, su club, junto con los clubes rotarios de Uzhgorod-Skala, Uzhgorod, Rakhiv-Center of Europe, Ivano-Frankivsk y Rivne, colaboró con el Club Rotario de Rovaniemi Santa Claus de Finlandia para patrocinar un espectáculo navideño. Un Santa Claus de Laponia visitó varias ciudades ucranianas. Los niños, incluidos los huérfanos y los desplazados de sus hogares, lo recibieron con entusiasmo. 

«Pedimos a los niños que le escribieran cartas hablándole sobre sus sueños y que dibujaran estos», explica mientras me muestra algunas fotografías. «Durante las visitas, entregaron a Santa Claus sus cartas y dibujos. Fue una experiencia maravillosa. Permanecerá en su memoria durante mucho tiempo». 

En una ciudad, los misiles rusos obligaron a Santa Claus a correr hacia un refugio antiaéreo, pero no lograron detener sus visitas. «Estamos orgullosos de nuestro valiente amigo», dice Pavichenko, «y agradecemos su servicio en Rotary».

Viernes, 20:30 h., Casco antiguo

Las fachadas medievales y renacentistas están escasamente iluminadas -algo necesario dada la precariedad de la red eléctrica de la ciudad- y la mayoría de las ventanas están tapiadas, pero esta noche la inmensa plaza frente al teatro de la Ópera Nacional de Lviv bulle de actividad. Mykola Stebljanko y su esposa, Olga, también socia del Ciberclub Rotario de Ucrania, me han llevado a conocer la vida nocturna de la ciudad, y paseamos por el casco antiguo, centro histórico de Lviv y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Una gran multitud de jóvenes se reúne en torno a un cantante callejero que interpreta una melancólica canción ucraniana sobre (como explica Olga) una madre que llora a su hijo muerto en el campo de batalla. 

A unos 15 metros de distancia, jóvenes universitarios se toman de la mano y bailan en un amplio círculo al son de una animada melodía interpretada por un guitarrista acústico. 

«Todo parece tan surrealista y al mismo tiempo normal», digo, pero antes de que Stebljanko pueda replicar, detecto una prueba estremecedora de que aquí nada es normal. A un lado de la calle hay varios tanques rusos quemados, con las ruedas deformadas y parcialmente fundidas. Un cartel cercano indica que fueron destruidos en una batalla en las afueras de Kiev.

  1. Como acto de resistencia, los jóvenes siguen con sus vidas en el casco antiguo de Lviv

    Fotografía: Wen Huang

  2. Fotos de huérfanos de guerra y soldados caídos cuelgan en la Iglesia de la Guarnición de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo

    Fotografía: Wen Huang

Entramos en la Iglesia de la Guarnición de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, edificio de estilo barroco cuyo techo abovedado adornan coloridos murales. Dado que la iglesia está ahora al cuidado de los capellanes militares de la Iglesia Greco-Católica de Ucrania, la gente la visita para colgar fotos de los caídos en la guerra: Soldados ucranianos, jóvenes y viejos, que sólo un año antes eran agricultores, comerciantes u obreros.  Entre los pasillos pueden verse fotos de huérfanos de guerra, niños cuyos padres habían caído en combate.   Frente al altar, dos mujeres vestidas de negro rezan de rodillas. Una solloza. Me quedo paralizado ante su dolor. Aturdido, salgo lentamente de la iglesia tratando de procesar las consecuencias de esta guerra en las vidas de personas inocentes.  

Cuando tomamos asiento en un restaurante a la luz de las velas, solo nos queda una hora para el toque de queda. Durante la cena, Stebljanko, quien creció en Crimea, charla conmigo sobre la vida después de la ocupación por Rusia en 2014. «Ya no podíamos hablar libremente en lugares públicos porque alguien podría denunciarnos a las autoridades», asegura. «Agentes de inteligencia rusos intentaron infiltrarse en mi club rotario». Esta situación desesperada les llevó a él y a su esposa a trasladarse a Odesa, ciudad situada en el suroeste de Ucrania.  

El año pasado, Odesa sufrió constantes ataques con cohetes. A veces, Olga y su perro, Yurasik, tuvieron que acurrucarse en el baño, el lugar más seguro de su apartamento. Sin embargo, la pareja mantiene su optimismo. Cuando le pregunto si se plantearía abandonar Ucrania, responde: «No, este es mi hogar, y quiero quedarme y ayudar». Luego, me recuerda que su nombre, Mykola, una variante ucraniana de Nicolás, significa «victoria del pueblo».

Olga propone un brindis: «Victoria el pueblo de Crimea y Ucrania».

Olga y Mykola Stebljanko distribuyen medicamentos donados en Odesa.

Cortesía de Mykola Stebljanko

Sábado, 14:00 h., Lviv

Hemos regresado al teatro de la ópera para celebrar el 30º aniversario de la fundación del Club Rotario de Lviv, aunque técnicamente se trata de la celebración de la refundación del club. Fundado en 1935, el club, el primero de la ciudad, fue disuelto durante la Segunda Guerra Mundial; el club actual fue readmitido en 1992.  

Converso con Sergii Zavadskyi, exgobernador del Distrito 2232 y socio del Club Rotario de Kyiv-City. Me habla con entusiasmo de la labor de Rotary en Moshchun, pueblo antaño pintoresco situado a las afueras de Kiev que fue casi totalmente arrasado por las fuerzas rusas. 

El club de Zavadskyi se unió al Club Rotario de Ivano-Frankivsk y a la organización benéfica UA Dream para establecer el proyecto de recuperación de Moshchun. A ellos se unió el Club Rotario de Kiev-Sofía y recibieron asistencia proporcionada por subvenciones de respuesta ante catástrofes de La Fundación Rotaria, así como contribuciones de clubes y distritos rotarios de varios otros países.  

La primera vivienda modular se instaló en junio para Lyubov Topol, quien perdió su hogar y su único hijo cuando una bomba cayó al lado de su casa. Pronto, llegaron más viviendas modulares para los vecinos de Topol y otras familias. Hojeando las fotos en su teléfono, Zavadskyi me dice: «Nos esforzamos por revivir este antiguo pueblo, proporcionando a los residentes locales una vida digna, incluido un techo sobre sus cabezas, paredes y calefacción».

Domingo, 6:00 h., do pobachennya (adiós)

Todavía está oscuro cuando Bodnar y Polonskyy me recogen en el Hotel Lviv para llevarme a la ciudad polaca de Rzeszów. Antes de despedirnos — do pobachennya - Polonskyy saluda con tres dedos, un gesto muy utilizado en los tiempos del movimiento independentista ucraniano de los años noventa, y repite las palabras pronunciadas por el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, dos meses antes: «Solíamos decir ‘paz’. Ahora decimos ‘victoria’».

Este artículo fue publicado originalmente en el número de marzo de 2023 de la revista Rotary.

En enero, el Consejo de Fiduciarios de La Fundación Rotaria votó la creación de un Fondo de Respuesta
para Ucrania, destinado a hacer frente a la crisis humanitaria causada por la guerra.