Dennis Ogbe reta a la parálisis

Un torso robusto es muy importante para el atleta paralímpico Dennis Ogbe, quien sufre de parálisis en la pierna izquierda a causa de la polio.

Dennis Ogbe sujeta el disco con la mano derecha. Balancea el brazo y gira hasta alcanzar el máximo de torsión y con un movimiento rápido lanza el disco al aire. Concentrar la fuerza en el tronco es importante para cualquier lanzador de disco, pero para Ogbe, un atleta paralímpico, lo es todo. 

A los tres años de edad, Ogbe contrajo paludismo, y mientras recibía tratamiento en una clínica cerca de su hogar en la zona rural de Nigeria, se infectó con el poliovirus. Paralizado de la cintura para abajo, regresó a casa en brazos de su madre.

Considera que su rehabilitación física se debe a una forma de terapia inclemente: las burlas de los otros niños de su aldea. Después de quitarle las muletas, los chicos lo desafiaban a dar varios pasos antes de que pudiera jugar al fútbol con ellos. Con el tiempo, pudo fortalecer la pierna derecha y caminar sin silla de ruedas ni muletas, pero la pierna izquierda seguía paralizada.

Ogbe, ahora ciudadano estadounidense, se ha forjado un nombre por sí mismo en la comunidad paralímpica internacional y tiene récords en Estados Unidos en lanzamiento de disco y de bala. Mientras competía, obtuvo su licenciatura y luego una Maestría en Administración de Empresas en la Bellarmine University de Louisville, Kentucky. Actualmente es un dinámico promotor de la erradicaión de la polio y embajador de la campaña de la Fundación Shot@Life de Naciones Unidas, que fomenta la inmunización de los niños. Dennis fue uno de los oradores en la celebración del Día Mundial contra la Polio: Escribamos la historia, el 24 de octubre en Chicago, donde tuvimos la oportunidad de hablar con él.

“Espero y ruego que haga lo que haga en esta vida, sirva para inspirar a otros”, dice. “Ojalá sea un reto para ellos y piensen que: ‘Si Dennis puede, yo también puedo’”.

THE ROTARIAN: ¿Qué obstáculos tuviste que vencer al crecer con la polio?

OGBE: En Nigeria, las personas con discapacidades a menudo se les excluye o se les alienta a ser mendigos. La polio era evidente en todos lados, en la parada del autobús y en las calles. Pero mi padre quería que tuviera una mejor vida. Me dijo que no quería ver a uno de sus hijos en la calle pidiendo limosna. Se dio cuenta de que la educación sería mi salvación. 

En Nigeria, ir a la escuela no es la primera opción, ya que se impone la ley del más fuerte. Mi padre estaba convencido de que en toda discapacidad hay siempre una habilidad. Me dio la oportunidad de encontrar la mía.

TR: ¿Cómo incursionas en el deporte?

OGBE: Cuando estaba en la escuela, tuve que esforzarme para hacer deporte. Probé el tenis, salto alto y baloncesto, pero no era nada fácil porque cojeaba. En ese entonces, los únicos deportes disponibles para personas minusválidas eran el lanzamiento de bala, la jabalina, el levantamiento de pesas y el atletismo. No pude participar en este último porque no podía costearme una mejor silla de ruedas. Entonces busqué barras pesadas en talleres mecánicos y comencé a practicar el lanzamiento.

Con el tiempo, comencé a competir. Terminé como lanzador por Nigeria en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000, en Australia. Allí conocí a un entrenador de atletismo de Estados Unidos. Tuvo que ver algo en mí porque me ofreció una beca deportiva para la Bellarmine University, donde competí contra atletas sin impedimentos físicos.

Cuando no estudiaba o entrenaba, trabajaba en cinco sitios distintos para pagar la matrícula.  Sin el deporte, no sería lo que soy ahora. El espíritu competitivo del deporte fue lo que siempre me impulsó, desde un comienzo cuando contraje la polio. Me trazó la meta que tenía que alcanzar. Fue la mentalidad de "sí se puede" la que me encaminó a lo que hoy soy.

TR: ¿Cómo hay influido ese espíritu competitivo en tu lucha contra la polio?

OGBE: Mi padre siempre me dijo que lo importante no es cómo se comienza sino cómo se llega a la meta. Ésta sigue estando muy lejos, pero de algo estoy seguro: Cuando finalmente alcance esa meta, voy a estrechar las manos de las personas que me han ayudado tanto en la vida. Son muchos a los que tengo que agradecer, por hacer posible que sea quien soy hoy, y por ellos debo cruzar esa meta final con todas mis fuerzas. Es como veo también a la polio. Ha sido una larga y ardua batalla, pero tengo numerosos amigos. Si seguimos dando lo mejor de nosotros, sé que llegaremos primero en la carrera. 

Adaptación de un artículo publicado en el número de abril de 2014 de The Rotarian

14-Apr-2014
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