Malala es de los nuestros

Malala Yousafzai fue baleada por los talibanes en octubre de 2012 por reclamar el derecho a la educación de las niñas.
Fotografía de: ©Niall Carons-PA Wire. Todos los derechos reservados. Se ruega no reusar.
Autobús escolar lleva a los niños de regreso a casa en una localidad del Valle del Swat, región de origen de Malala, situada en el norte de Pakistán.
Fotografía de: ©Anja Niedringhaus. Todos los derechos reservados. Se ruega no reusar.
Niños pakistaníes de ambos sexos ruegan por la salud de Malala después de que sufriera un atentado. Los médicos no garantizaban que pudiera sobrevivir, y mucho menos que volviera a caminar y hablar. Seis días después del atentado fue llevada a un hospital de la ciudad de Birmingham (Inglaterra) donde permaneció internada tres meses y fue sometida a varias operaciones.
Fotografía de: ©Shakil Adil. Todos los derechos reservados. Se ruega no reusar.
Zebu Jilani (a la derecha de esta foto tomada en Kater) es nieta del antiguo monarca del distrito del Valle del Swat y fundó el primer club rotario de la comarca. Fue ella quien invitó a afiliarse a Ziauddin Yousafzai, el padre de Malala.
Fotografía de: Cortesía de Swat Relief Initiative.
En 2013, Malala recibió el premio humanitario Peter J. Gomes que otorga Harvard University. Su padre (derecha) se sumó a las expresiones de elogio manifestadas por los alumnos en reconocimiento del valor que demostró su hija.
Fotografía de: ©Jessica Rinaldi. Todos los derechos reservados. Se ruega no reusar.

En épocas pasadas, el Valle del Swat, situado en las regiones montañosas del norte de Pakistán, entre Cachemira y el Paso del Khyber, era un remanso de paz bajo el gobierno de Miangul Abdul Haq Jahanzeb, el "wali" (monarca absoluto) del estado principesco de Swat, quien modernizó el país y, entre otras cosas, construyó escuelas para sus súbditos, tanto niñas como varones, y recorría en automóvil las regiones apartadas de sus dominios donde nunca se había visto esa clase de vehículo.

"Un lugar prístino, hermosísimo, en el que las montañas llegaban hasta las nubes": así describe Zebu Jilani la tierra de su niñez. "Lo llamaban el verdadero Shangri-La." El "wali" era su abuelo. La princesa Zebu, como la llaman aún los lugareños, recuerda que jugaba con rocas brillantes que parecían trozos de cristal verde. "Eran esmeraldas de las minas de mi familia." En 1969, el estado principesco de Swat fue disuelto y se integró en Pakistán, y comenzó así un período de cuarenta años de decadencia que dio pie a que los talibanes se apoderaran de la región en 2008. En los dos años siguientes reinó el terror en la región, pues los talibanes impusieron su brutal versión del derecho islámico: perseguían a los opositores políticos, a quienes decapitaban o azotaban en público, apaleaban a las mujeres y dinamitaban escuelas.

Jilani se radicó en los Estados Unidos en 1979, pero visitaba su patria todos los años y no soportaba verla invadida. Como se había acabado el dinero de las minas de esmeraldas de su familia, decidió recaudarlo como pudiera y, así, pronto comenzó a abrir escuelas y a dar cobijo y medicinas a los refugiados de su país y fundó, además, el primer club rotario de Swat. Una de las primeras personas a quien invitó a afiliarse fue Ziauddin Yousafzai, educador y activista que tenía una hija adolescente llamada Malala.

Hoy, casi todo el mundo conoce la historia de Malala Yousafzai, adolescente que tenía quince años por esas fechas y era una destacada destacada estudiante de la escuela secundaria Khushal, ubicada en la ciudad de Mingora, a la cual acudía con su uniforme azul marino. Voraz lectora de toda clase de libros, desde la poesía pastún hasta la serie Crepúsculo, tenía clases de ciencias, matemáticas, estudios islámicos, inglés y también de urdu, lengua en la que escribió su famoso diario en el que relataba cómo era la vida bajo el reino del terror que imponían los talibanes. Describía las batallas del ejército de Pakistán con los talibanes ("Toda la noche se oyen el ruido del fuego de la artillería"), el ruido de los helicópteros que sobrevolaban la ciudad, la escasez de libros, sus sueños, el vestido rosado que más le gustaba y confesaba también el temor de que cerraran la escuela:

"Los talibanes publicaron un edicto que prohíbe las escuelas para niñas".

Malala publicaba un blog con el pseudónimo "Gul Makai", nombre de una heroína de leyenda de Pakistán, pero su identidad era un secreto a voces. "Estoy decidida a seguir estudiando. Esto es lo que pedimos al mundo: ¡Salven las escuelas! ¡Salven a Swat!"

Su padre ponía de su parte para mantener vivas las tradiciones de Swat. En 2010, después de que el ejército de Pakistán restableció parcialmente el orden en Mingora, ayudó a que su club rotario realizara el primer concierto público en la ciudad desde que fuera tomada por los talibanes. "Los rotarios estábamos orgullosos de haber organizado el espectáculo, pues había que tener mucha valentía ya que la influencia de los talibanes no había desaparecido", explica Yousafzai, socio del Club Rotario de Mingora. "La situación no estaba nada clara, pues había muchas amenazas y los asesinatos eran frecuentes, pero montamos un buen espectáculo".

Un martes de octubre de 2012, Yousafzai estaba en Mingora y presidía una concentración de unos 300 directores y maestros convocada para reclamar educación para todos. "Mi amigo Ahmad Shah, otro socio del club, intervino antes que yo", explica. "Me dirigía a la tribuna cuando sonó el teléfono y se lo pasé a Ahmad. Un instante después me susurró la noticia: habían atentado contra el autobús de la escuela Khushal. El corazón me dio un vuelco, pues sabía quién era el blanco. ‛Tiene que ser Malala', pensé. En ese momento el moderador anunció mi nombre y, con la frente llena de sudor, hablé durante seis minutos. Cuando terminé, Ahmad me dijo: ‛Vamos corriendo al hospital'".

Su hija regresaba a casa en el autobús escolar cuando irrumpió un pistolero y amenazó con matar a todos los alumnos si no le decían quién era Malala: "Hablen o los mato a todos", les dijo. Las alumnas miraron aterrorizadas a su compañera y entonces el pistolero le disparó a quemarropa.

Seis días después del ataque, Malala, en estado de coma, fue trasladada a un hospital de heridos de guerra de la ciudad de Birmingham (Inglaterra), donde despertó.

""¿En qué país estoy?", preguntó.

Malala no perdió su humildad. Llama a Jilani "Bi Bi Sahiba" (Estimada Señora) y su voluntad de luchar sigue siendo indeclinable. "Los talibanes pensaron que podrían detenerme", explicó cuando estaba en la cama del hospital. "Pero no lo conseguirán".

A su padre le dijo: "No te preocupes".

Y a Jilani: "Dios me ayudará a ayudar a los demás".

En el mes de marzo, Malala empezó sus estudios en Birmingham, la ciudad inglesa en la que vive la segunda colectividad pakistaní. Llevaba una placa de titanio especialmente confeccionada para cubrir la herida del cráneo y un audífono en el oído izquierdo, pero aparte de eso era una alumna más. Vestía un suéter verde y llevaba una mochila rosada. "Soy una chica como las demás", explica. Durante los primeros días de clase, recogió firmas para reclamar el derecho de todos los niños a ir la escuela.

El padre de Malala trabaja ahora de asesor del antiguo primer ministro Gordon Brown, enviado especial de las Naciones Unidas para la Educación Mundial. Aunque Malala es un personaje conocido en todo el mundo, no se olvidó de Swat y sigue entregada a su campaña diaria para restaurar en parte la gloria de la que gozó su nación en otros tiempos.

Por su parte, Jilani se ocupa como siempre de conseguir artículos de primera necesidad (desde tiendas de campaña y antibióticos a palas mecánicas y apisonadoras) para sus compatriotas de Swat. "Malala fue víctima de una tragedia, pero hizo que todo el mundo la escuchase", explica Jilani. "La fama que se granjeó es un magnífico estímulo para nuestra causa. Deseo que un día pueda regresar al hogar y vea que la suma de nuestros esfuerzos marcó la diferencia".

Eso es también lo que se propone Malala. Pensando en la notable trayectoria de su familia, el otro día su padre indicó que tenía la esperanza de regresar algún día.

"Sueño con que alguna vez volveremos a Swat, nuestro valle soñado", cuenta Yousafzai. "Entonces, le pediré a Malala que se haga socia de nuestro club rotario".

Versión adaptada de un artículo publicado en el número de enero de 2014 de The Rotarian.

14-Jan-2014
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