Becario emplea sus dotes diplomáticas en un país libre
Por Ivars Indans, según relata Paul Engleman
The Rotarian -- 25 de febrero de 2013
Ilustración de Roger Chouinard (prohibida su reproducción)
Nací en 1974, cuando Letonia aún formaba parte de la Unión Soviética. Mi padre y yo siempre escuchábamos Voice of America, un programa de radio prohibido durante esa época. Eses es mi primer recuerdo de los Estados Unidos. Mi padre había sido deportado a Siberia y regresó después de la muerte de Stalin. Él y mi madre, igual que muchos letones, soñaban con el día en el cual Letonia se convirtiera una vez más en un país soberano.
Por supuesto, yo compartía ese mismo sueño, y siendo uno de los primeros Becarios de Buena Voluntad de Letonia, aproveché la oportunidad para cursar estudios en EE.UU. En aquel momento habría sido imposible imaginar que algún día yo sería el editor del libro Latvia and the United States: A New Chapter in the Partnership, publicado en 2012, sobre las relaciones entre Letonia y EE.UU.
Siempre he tenido la suerte de mi lado. Acabé mis estudios secundarios en 1991, año en el cual Letonia logró su independencia de la Unión Soviética. En la Universidad de Letonia, me contaba entre los primeros alumnos que pudieron estudiar ciencias políticas y relaciones internacionales con normas académicas occidentales. Bajo el mando de la Unión Soviética, solo se permitía enseñar la versión comunista.
Letonia se encontraba en el proceso de restablecer sus instituciones, y por tal motivo pude lanzar mi carrera profesional inmediatamente después de graduarme. Todo era nuevo y sobraban las oportunidades. Hoy día, la competencia es mucho más fuerte.
En 1995, cuando trabajaba de jornada parcial en el Parlamento de Letonia, supe de una beca ofrecida por La Fundación Rotaria y el Club Rotario de Riga (mi ciudad natal), el primer club rotario de Letonia. El club tiene una importante herencia histórica: se formó en los años 30, antes de la ocupación soviética, y se restauró cuando dicha ocupación finalizó.
La beca fue patrocinada por un club rotario de la Florida). En aquella época yo sabía poco de Rotary. La beca representó una oportunidad para trasladarme a los Estados Unidos y ampliar mis conocimientos. Cursé estudios en Lynn University en Boca Raton en la Florida. La mayoría de los alumnos eran norteamericanos, pero también había sudamericanos y centroamericanos. Puesto que yo venía de un país europeo pequeño, acostumbrarme al nuevo ambiente internacional me resultó difícil. Tuve que aprender a pensar globalmente.
Entablé una fuerte amistad con Steve e Iris Laine, los rotarios que se convirtieron en “mis padres floridanos”. Siempre atentos a todas mis necesidades, ellos me apoyaron y me inspiraron. Steve y yo hicimos una gira por EE.UU., llegando hasta California. Me encantó tener ocasión de representar a mi país ante distintos clubes rotarios, y conocer a todo tipo de personas. Durante la gira aprendí muchísimo sobre Rotary y me enteré de sus objetivos y misión humanitaria. Pero para mí lo más valioso fueron las amistades que forjé. Iba cobrando confianza al interactuar diariamente con personas de todo el mundo con distintas costumbres religiosas y culturales.
Después de finalizar la beca, fui nombrado primer secretario letón ante las Naciones Unidas. Trabajaba para Letonia en Ginebra, y me desempeñé como observador electoral después de la guerra en Bosnia. Luego comencé a trabajar para Freedom House en Letonia en un proyecto destinado a promover la ciudanía y la democracia.
En cuanto al libro —patrocinado por la American Latvian Association y el Center for East European Policy Studies, un think tank que trata sobre temas relacionados con la política exterior— la Embajada de Letonia en Washington, D.C. (EE.UU.) me sirvió de inspiración.
En muchos sentidos, la historia de Letonia ha sido una tragedia. Fue ocupado por gran parte del siglo XX por los soviéticos y los nazis. Los países bálticos se quedaron neutrales durante la Segunda Guerra Mundial, y aunque la neutralidad parezca ideal en términos de asegurar la paz, en nuestro caso produjo un profundo aislamiento. Siendo un país pequeño y aislado, se puso en juego nuestra independencia. Eso es lo que le sucedió a Letonia.
El libro representa otra oportunidad para fortalecer los lazos de cooperación entre EE.UU. y Letonia porque busca analizar todo lo que podemos lograr en calidad de aliados y amigos para abordar temas tales como la defensa, la economía y la energía, además de asuntos de índole cultural, científico y tecnológico. Me invitaron para desempeñarme como editor en base a mis experiencias internacionales y mis contactos con círculos diplomáticos en Letonia. Para mí fue un gran honor que me seleccionaran, y pude colaborar con destacados analistas e investigadores, puesto que la investigación académica es lo que más me interesa, y precisamente en estos momentos estoy terminando con mi tesis doctoral sobre la inmigración internacional y la política en Europa.
Mi esposa es juez en el Tribunal Constitucional de Letonia, parecido a la Corte Suprema de los Estados Unidos. Tenemos un hija, Zane, de 12 años, quien ha visitado los EE.UU. dos veces.
En 2011, mi hija y yo participamos en la Convención de Nueva Orleans. Fue un evento fantástico, emocionante e inspirador, tanto para mí como para Zane. Ella iba aprendiendo inglés y entendía bastante, sobre todo cuando los rotarios hablaban de manera expresiva y dinámica sobre la lucha contra la polio. Nos dio mucho placer conocer a Bill Gates, una persona que aunque es rica y famosa, es a la vez humilde y simpática. Vimos muchas presentaciones impresionantes, y Zane y yo nos dimos cuenta del gran número de personas en el mundo que sufren. Mi hija ahora comprende que cada persona puede marcar la diferencia y hacer que el mundo sea mejor y más seguro.
No soy rotario pero he participado en muchos proyectos rotarios. Mi madre, una artista, padece dolor crónico de espalda. Ella es presidenta de una organización local para personas discapacitadas en Letonia. Uno de sus proyectos anuales conlleva organizar una actividad junto con los clubes rotarios locales para prestar ayuda a los discapacitados, y siempre participo en el proyecto. Steve Laine y yo nos mantenemos en contacto. Tengo planes de visitarlo este verano y, después de defender mi tesis, pienso involucrarme en más actividades rotarias.
Cuando por fin logramos restaurar la independencia de Letonia, el enfoque principal era crear el mayor número de lazos posibles con los países occidentales. Pero con la llegada de Internet y otras tecnologías, crear lazos ya no es tarea exclusiva de gobiernos e instituciones grandes. Ahora cada persona puede echar una mano, y los rotarios sirven de modelo, igual que los Becarios pro Paz. Los becarios que he conocido ahora figuran en mi lista de contactos internacionales. Son personas que se sienten seguras y confiadas que pueden marcar la diferencia en el mundo. Allí es donde radica el poder de Rotary y el cimiento de nuestro optimismo.