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Cómo terminé corriendo un maratón en Mongolia

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l verano pasado, un joven rotario de Michigan, EE.UU., emprendió viaje en un Chevy Metro de 2001, con 225.000 kilómetros a cuestas, desde Inglaterra hasta Mongolia.

El Rally de Mongolia, mitad evento de recaudación de fondos y mitad odisea de "chiflados", es el resultado del sueño de dos ingleses aburridos. El evento fue disputado por primera vez en el año 2004, cuando contó con la participación de seis automóviles. En la edición del año 2009 participaron más de 400 equipos. Los participantes pueden elegir la ruta que prefieran para llegar a la capital de Mongolia, Ulán Bator, pero sus autos no pueden contar con motores de más de 1.200 c.c. ni con sistema de navegación por satélite (GPS). Perderse forma parte del plan, aunque los vehículos que lleguen a su destino en Mongolia son donados a asociaciones benéficas.

El sitio web de la carrera explica: “Se supone que esto es una aventura y no una visita guiada. Por eso, si sufres dificultades, arréglatelas como puedas y sigue adelante”. “Si te molestan tales contratiempos, mejor quédate en casa”.

Scott Brills no pudo resistirse la tentación. Brills, socio del Club Rotario de West Bloomfield, y su amigo Collin Otto, llfsu equipo el nombre Hardly Working (A duras penas trabajando) y recaudaron 1.650 dólares para la organización Mercy Corps Mongolia, una de las organizaciones benéficas que patrocinan la carrera. Brills, entonces de 26 años de edad y Otto de 25, recaudaron otros 7.000 dólares para construir y equipar un jardín de infantes en Mongolia, un proyecto en el que colaboraron el club rotario de Brills y el Club Rotario de Bayanzurkh 100, en Ulán Bator.

"Condujimos hasta Mongolia en busca de aventuras y eso fue exactamente lo que encontramos", comenta Brills, quien en 2007-2008 integró el equipo de Intercambio de Grupos de Estudio del Distrito 6380 (partes de Ontario, Canadá y Michigan, EE.UU.) que visitó el Distrito 2440 (Turquía). "Empezando por una campaña de seis meses de duración que nos permitiera recaudar fondos para intentar algo tan ridículo como recorrer una distancia equivalente a la tercera parte de la superficie del planeta y poder así entregar fondos para ayudar a la construcción y equipamiento de un jardín de infantes en un país del que muchos ni siquiera han oído hablar. El plan era completamente disparatado".

"Solo para referirnos a algunas de nuestras delirantes desventuras, durante el viaje de 16.000 kilómetros, sufrimos el acoso de guardas fronterizos, fuimos detenidos por policías corruptos, nos perdimos en la tierra de nadie situada entre Kazajstán y Uzbekistán, y nuestro automóvil dijo basta en una meseta situada a más de 3.000 metros de altura, en medio de Tayikistán".

"Sin embargo, todas las dificultades a las que nos enfrentamos en las nueve semanas de camino, palidecen cuando se comparan con las muchas experiencias positivas vividas, las personas a las que conocimos, los paisajes que contemplamos y las vidas que ayudamos a mejorar".


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