Becaria de Rotary pro Paz nos cuenta su historia
Kelly Nicholls en declaraciones a Stephen Yafa.
The Rotarian -- Septiembre de 2010
Kelly Nicholls participa en un marcha en homenaje a las víctimas del conflicto en Colombia.
Foto cortesía de Kelly Nicholls
Cuando me dirigía en taxi al Congreso de Estados Unidos para declarar por primera vez ante una audiencia parlamentaria sobre la situación de los defensores de los derechos humanos en Colombia, estaba muy nerviosa.
Me volví hacia mi colega colombiano, un abogado especializado en derechos humanos con dos décadas de experiencia defendiendo a las víctimas del conflicto que viene afectando a Colombia desde hace 40 años, y le pregunté si también estaba nervioso.
“Lo que me pone nervioso es lo que podría pasar al volver a Colombia después de esta audiencia”, respondió.
En ese momento se pusieron de manifiesto las dificultades a las que me enfrento como directora ejecutiva de la organización independiente U.S. Office on Colombia (Oficina de Estados Unidos en Colombia) y como portavoz en Washington, D.C., de los defensores de los derechos humanos. Nada hubiera sido posible sin la Beca de Rotary pro Paz que me fue concedida para el período 2005-2007.
Yo acababa de volver después de haber trabajado con comunidades indígenas en la amazonía ecuatoriana y en Chiapas, México. Deseaba promover la paz y la resolución de conflictos, pero no sabía cómo avanzar sin antes obtener una maestría. En ese momento, una persona que conocí cuando trabajaba como voluntaria para Oxfam me habló sobre el programa de los Centros pro Paz de Rotary. Como soy australiana, me puse en contacto con el Club Rotario de Roseville Chase, en las afueras de Sydney, y unos meses más tarde, me habían incluido entre los 50 becarios seleccionados.
El programa me llevó a la Universidad de Bradford en el Reino Unido donde estudié resolución de conflictos internacionales concentrándome en mediación y política. Allí hice amistad con otros becarios, dos de ellos incluso vinieron a Australia para mi boda. Además pude investigar la situación de los derechos humanos y las políticas regionales en Latinoamérica y África, así como la situación de los desplazados internos, religión y resolución de conflictos.
Tuve la fortuna de realizar mis prácticas de campo, las cuales son un requisito de la Beca de Rotary pro Paz, con el experto independiente de las Naciones Unidas en cuestiones de minorías. Pude constatar las violaciones de los derechos humanos de los afro-colombianos, los cuales se han visto afectados de manera desproporcionada por el conflicto, especialmente siendo obligados a abandonar a la fuerza sus residencias.
Ahora, tres años después de concluir mis estudios. He conocido a mujeres que me enseñaron sus fotos de boda, como las mías. La diferencia es que sus maridos han muerto asesinados por las fuerzas armadas y las cuales los vistieron luego con ropas que los hicieran parecer guerrilleros muertos en combate. Entre los meses de enero de 2007 y julio de 2008, un promedio de casi una persona al día fue asesinada por las fuerzas armadas.
Los esfuerzos realizados para concienciar al público mundial sobre estos incidentes han forzado al gobierno a relevar de sus cargos a algunos funcionarios y oficiales. En mi cargo en la U.S. Office on Colombia, he tenido la oportunidad de entrevistarme con funcionarios relevantes de la administración del presidente Obama y con miembros del Congreso para pedirles que presionen a los dirigentes colombianos para que no abusen más de su poder. Hemos podido reducir el número de “ejecuciones extrajudiciales”. También hemos podido convencer al gobierno de que prescinda de más de 50 oficiales y mandos militares y de que establezca un programa de estudios sobre derechos humanos de aplicación a todas las fuerzas armadas.
Una profesión como la mía exige compromiso, pero también capacitación. Por eso mi Beca de Rotary pro Paz fue tan importante. Durante mis dos años en Bradford aprendí muchas cosas que he podido aprovechar en mi trabajo. Sin esa preparación no estoy segura de que hubiera podido avanzar en un país que sufre un conflicto tan complejo y arraigado.
Tras la audiencia parlamentaria, mi amigo colombiano me dijo: “¿Eres consciente de la importancia de la labor de tu organización para que podamos seguir ayudando a las víctimas?” En este campo, es difícil medir el progreso obtenido y los números no sirven para captar lo importante, pero salvar una vida justifica cualquier esfuerzo.
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