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 Ex becario procesa a criminales de guerra en La Haya

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Ryan Carrier en La Haya Foto: cortesía de Ryan Carrier

En dos ocasiones la experiencia rotaria ayudó a Ryan Carrier a descubrir nuevas culturas y a enriquecer su educación en una carrera profesional que le ha llevado a convertirse en fiscal de crímenes de guerra de las Naciones Unidas.

Desde 2008, Carrier, de 38 años de edad, ha desempeñado sus labores como fiscal del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en La Haya. Este tribunal especial de la ONU se ocupa de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra cometidos en esa región a partir del año 1991.

En estos momentos Carrier está encargado del procesamiento de tres generales del ejército croata por crimenes supuestamente cometidos durante la "Operación Tormenta" en agosto de 1995. En aquel momento más de 100.000 serbios fueron expulsados de Croacia en lo que Carrier describe como el mayor caso de limpieza étnica durante las guerras balcánicas.

“La limpieza étnica no se limita a entrar en una aldea y matar a todo el mundo, sino que también comprende actos ilegales como intentar la modificación de la composición étnica de un área expulsando a ciertos grupos étnicos para limpiarla”, comenta Carrier, nacido en White Rock, Columbia Británica, Canadá.

“A menudo los crímenes de guerra afectan a cientos de miles de personas. Revisten una gran seriedad y resultan traumáticos, sin embargo debemos aprender a distanciarnos un poco. Al fin y al cabo, lo fundamental es actuar correctamente”.

La primera experiencia rotaria de Carrier tuvo lugar en 1989, cuando el Club Rotario de White Rock lo seleccionó para formar parte de un Intercambio de Jóvenes. Carrier vivió un año en Vetlanda, Suecia, donde asistió a la escuela secundaria, aprendió a hablar sueco y estableció una estrecha relación con su familia anfitriona que continúa hasta el presente.

En 1996, Carrier estudió criminología en la Universidad de la Ciudad del Cabo en Sudáfrica en usufructo de una Beca de Buena Voluntad de La Fundación Rotaria, patrocinado por el Club Rotario de White Rock-Peace Arch. Allí tuvo la oportunidad de ser testigo de los súbitos cambios experimentados por la sociedad sudafricana después de varias décadas de apartheid.

“En esos momentos yo colaboraba con muchos ex integrantes del Congreso Nacional Africano en poblados negros y, junto con mi profesor, servía como asesor en asuntos relativos a la vigilancia policial, por lo que pude ver esos dos mundos tan distintos que coexistieron en Sudáfrica en ese momento”, indica Carrier. “La experiencia me enseñó la importancia de ser flexible y de apreciar los puntos de vista de los demás antes de intentar impulsar los propios”.

Tras decidir que una carrera judicial sería la mejor manera de marcar la diferencia en el mundo, Carrier se licenció en derecho por la Universidad de Cambridge. Luego trabajó como fiscal ocupándose de casos penales surgidos de uno de los barrios de Toronto más afectados por el crimen antes de empezar a trabajar para la ONU. Sus experiencias rotarias afectaron profundamente su carrera y su perspectiva vital.

“Una cosa es visitar un lugar, pero eso no es lo mismo que vivir allí y conocer a su gente, apreciar sus puntos de vista, ganar su confianza y llegar a ser bienvenido de una manera mucho más profunda”, explica Carrier. “Esas experiencias me dieron la confianza que necesitaba para hacer algo importante con mi vida. Si Rotary no me hubiera ayudado esas dos veces (el programa de Intercambio de Jóvenes y la Beca de Buena Voluntad) no habría tenido las oportunidades que me permitieron llegar donde estoy hoy”.

Escrito para En Contacto


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